viernes, 6 de abril de 2012

Del sexo de a mujer y yo (1977)

Mi pensamiento funciona como un músculo semivoluntario.
Soy un hombre dominado por una parte del cuerpo.
Me abro y me cierro a la vida como un gran culo.
Dejo entrar lo que puedo y lo que no puedo, lo rechazo.
Cuando, en medio de la guerra
o en el transcurso del insistente trabajo cotidiano,
me encuentro en el amor con una mujer,
su sexo siempre trasciende mi palabra,
y entonces, intento reprimirlo.
Como hombre, me digo, no soporto de la mujer,
la grandiosidad de su sexo.
Sexo de nube en su devenir,
altera el sentido de mis reflexiones,
altera mis nervios,
y si no la detengo,
termina quemando, en ese fuego, mis sentimientos comunes.
Si me dejo llevar por esa locura,
conozco la alegría,
y en mi risa,
detengo por un instante su sexo enamorado,
ahora entre mis dientes,
la odio
y quiero matar, en Ella,
lo que no vive en mí.


Mis ojos se deshacen entre la niebla,
entre los vahos de su sexo,
y ella, me traga.
Hace de mí una pequeña partícula de su ser.
Me hace su Dios.


Hace fotografías de mis órganos genitales
y reparte las fotografías entre sus amigas.
Comenta en fiestas y tertulias que, cuando hago el amor,
descompongo mis rasgos,
caníbal de mí,
devoro su ser.
Encuentra divertido
hacerle muecas a su madre de cómo yo la devoro.
Su sexo, a pesar de mis palabras, siempre es feliz,
porque su sexo
lleva en sí, para mí,
la violencia de ser diferente.

Miguel Oscar Menassa
De "Poética del exilio", 2011

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