lunes, 23 de abril de 2018

NO TENGO QUE DEJARME CEGAR POR LUZ ALGUNA


No tengo que dejarme cegar por luz alguna
aunque reconozco, al decirlo, algo me ciega.
Mis cosas hechas, mis amores tenidos, mis poemas,
al viento, alguna loca ambición del tiempo porvenir. 


Marca que el hambre me dejó en la nostalgia.
Algún muerto querido reclamando su muerte.
Algo me ciega cuando escribo: he amado.
Algo de la libertad que ya no podré ser.

Algún pedazo de sol caído para siempre.
Algo que ya no brilla para nadie, me ciega.
Un fulgor que no siendo, no ve nada en mí.

Y ese no ver lo que será imposible, habla,
me dice del deambular efímero de los astros,
de un amor hecho carne sobre los ojos ciegos.

Miguel Oscar Menassa
De "La patria del poeta", 1991

domingo, 11 de marzo de 2018

A MÍ LA POESÍA ME LO PERMITE TODO


A mí la poesía me lo permite todo
y yo hago con ella lo que quiero.
A veces me dejo llevar y Ella
me envuelve en su torbellino
palabra contra palabra
un cuerpo a cuerpo
insostenible.

Vengo a quebrantar las ilusiones.
Entre mis brazos
ella no podrá amar a nadie
porque yo soy el que nació
para que ella no muriera.
Vértice de mí mismo
me sostengo en ella
para sostenerla
y ella en su libertad
sigue siendo conmigo
como cuando nos encontramos
la primera vez.
Anhelante de mí
deseosa de mí
joven
siempre joven
a mi lado.
Desequilibrada
y hasta torpe
de tanta juventud
baila conmigo
por primera vez
la música
que bailarán
los siglos venideros.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000

sábado, 10 de marzo de 2018

LA PASIÓN: LA POESÍA


Entre la vida
que no me pertenece el amor
y la vida que soy
la locura.
La poesía
puede llenar
todo ese vacío.
Hablaba
siempre en silencio
sin decirle nada.
Ella pensaba en el futuro.
Estábamos así,
sentados uno frente al otro
desde hacía siglos.
Mi voz sonaba hueca
entre los perfumes violentos
de sus nalgas
abiertas como manantiales
como vertientes cristalinas
de rocío abriéndose
al pequeño sol de la mañana.
Mi voz se perdía
entre la acústica marea.
Sigilosos movimientos de su cuerpo
vulva enamorada, vulva de miel
diamante enfurecido
espesa vulva azucarada
sella en mis labios
el silencio.
Más que escuchar mi voz
Ella seguía
pensando en el futuro.
Cabalgando feroz en su locura
yo soy
ese pequeño sol de la mañana.
Rómpete
como se rompe el cristal
haciendo música
y Ella se rompía
sin escucharme.
Bailábamos.
Éramos como un hombre
y una mujer bailando.
Ella me besaba las mejillas
y en ese ardor
yo le decía que la amaba.
Después
éramos capaces de detener la música
para mirarnos francamente a los ojos.
En silencio nos sabíamos famosos,
reyes del gesto
opíparos comensales del amor,
mirarnos
era como morir.
Después, aún, seguíamos
danzando levemente.
Instante de las formas
caídos uno sobre el otro
yo no decía nada.
Ella, era el futuro:
Escribiré en silencio
y la poesía
alforja delirante
silencio perenne
que necesita mi voz para vivir,
llena mi vida de sorpresas.
Hiriente,
jactándose de su momentáneo poder
sobre mis nervios habla para mí.
Yo soy Ella
y Ella es la Poesía
juntas
como si nos hubiesen
arrancado a la tierra
de la misma raíz
ocupamos
un solo espacio en tu corazón.
Somos el mismo tiempo.
Ella y la Poesía aman vestirse
con las mejores sedas.
Joya marina
flor
diadema de locura
brillos serpenteantes
y topacios
embravecidos de tanta luz
para tu cuerpo momificado
siempre igual cada vez
siempre diferente.
Nutren sus cuerpos manjares únicos.
Devorar limpiamente el universo
y hacer el amor las enloquece.
Cuando cierran la boca para morir
en silencio
desean conocer de los sabores
uno diferente.
Siempre ambicionan
estar en otros brazos
y una vez más,
doliente mueca sin sonido
comienza a latir.
Abre sus ojos y pregunta,
¿es el atardecer o la mañana?
Me desplomo a su lado
para no perturbar
el curso de sus sueños.
En silencio dejo de vivir.
Ella sueña
y la noche se puebla de sonidos,
misterios
ardores de su cuerpo y la música.
Sus ronquidos son el bravío mar
y la torpeza de sus dientes
entrechocándose en las sombras
cataratas volcánicas de lejanía y nube.
Ruidos ardientes
anuncian el final de la ternura.
Trenes ensangrentados en la guerra
chirriando a veces porque el dolor
es inalcanzable.
Su piel
brutal enredadera
trepa desordenada,
bramido sideral,
hacia las concavidades
más remotas
hacia los vericuetos.
Amianto vespertino
crece
en el tumulto de los cielos
hacia un destino en llamaradas.
Poesía de fuego
ardiente vulva desgarrada
Ella es la poesía
dragón enamorado
bocanada febril
humo y ceniza.
Mujer de fuego Poesía de fuego
consumen vorazmente
hacia los espacios infinitos
el cuerpo del amor.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"

lunes, 5 de febrero de 2018

SOMOS EL FRUTO MADURO DE UNA ESTACIÓN LEJANA

 25 de Abril de 1982 


En plena noche
Ella sigue siendo mi luz
y descansar me parece
absurdo en su presencia.

Ella produce luz cuando vibra su cuerpo
cuando su cuerpo tiembla de volcanes perdidos
de volcanes abiertos cual pestilente herida
escupiendo y llorando
calientes tempestades de silencio.

Abro los ojos para verla temblar
y Ella me enceguece con su luz.

Cuando su cuerpo recorre
los escándalos de la noche
cuando su cuerpo se detiene
violín interminable
en infinitas notas imposibles
como una música
loca de silencio
la luz
infinita luz
se enceguece a sí misma.

Al compás
de los últimos movimientos de su cuerpo
todo es gris.
Como cuando la lluvia
te parte el corazón
como cuando en invierno
las heladas razones del odio
en tu cuerpo
hacen fracasar todo temblor
todo sueño.

Y el gris es
más que la soledad
más que el silencio
como cuando las piedras
se defienden de las piedras
como cuando la noche estalla
de oscuridad y sombras.

Reina la noche
y Ella, todavía,
es Poesía.

Animal de luz.
Bestia del tiempo
baila para mí
última danza.

Se contornea y salta entre la muerte y la locura
sin brusquedad como danzando entre corales
como danzando entre nubes ardientes de plenitud.

Su cuerpo es el amor
es el amor que nos lleva más lejos que la muerte
amor de amores más imposible, aún, que la locura.

Amor no sabe nada de la vida
es una carne abierta
a las palabras más pequeñas.

Amor no reina sobre nada
danza sin esperar respuesta
como si la vida fuera su compás.

Furtiva
entre la espesa niebla
donde se pudre el tiempo
envuelta en mis palabras
crucificada por el amor
sonríe
abierta como nube
partida por el sol.

Yo era el inefable
hombre de las cavernas
buitre feroz sin patria
caía
con toda mi destreza
sobre tu pequeño tiempo
muerto entre la niebla
y me lo comía.

 Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"

lunes, 29 de enero de 2018

MI PADRE HA MUERTO


A pleno silencio es cuando escribo
los vesos más hermosos.
Hoy hubiese querido abrazar a mi padre
y no fue posible.
Mis hijos tironeaban de mí
para que no cayera
en el abismo de sus brazos.
Hicimos ejercicios de fuerza y los vencí.
Ellos fueron alegres por mi juventud
y porqué no decirlo
antes de los juegos
el mayor dudaba de mis fuerzas.
No fue fácil vencerlo
hubo un instante
donde lo que reinaba
era el equilibrio.
Después
su brazo fue cediendo
lentamente y comenzamos a reír
a festejar
con amplias risas cristalinas
haber comprendido
que la conversación que manteníamos
aún no había concluído.
Después de los juegos
yo también estaba contento
y mientras me bañaba
tuve fantasías
de viajar con mis hijos al mar.
Dejaba que el agua cayera sobre mí
hasta confundirme con ella.
Mi cálida espuma tocaba
levemente los pies de los pequeños
y grandes oleadas de inmensidad
jugaban con los grandes
alegremente pero con firmeza
el juego de la vida:
Vencer y con la misma pasión
ser vencido.
Ha nacido el padre de mis hijos
y en ese remolino
semejante a la propia locura
donde mañana no habrá nada de hoy
en esa alegría
mi padre ha muerto.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"