jueves, 22 de agosto de 2019

TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA O CON LA MUERTE - I



El campo siega los corazones jóvenes
y éstos ya no se parecen a las garzas
o a los patos volviendo de la laguna
mojados y despreocupados del frío de la tarde.

Tú eras libre y pequeña en la provincia
antes de la ciudad
solías descorrer las tranqueras
que detenían las ovejas
para verlas trotar
por los callejones de tierra.
Solías aprovechar tu día
viendo el crecimiento vertiginoso de los trigos

Las manzanas por detrás de la casa.
La ciudad es melancólica y familiar
pero en el campo de mi corazón
ríes y saltas por entre los tabiques
hasta reventar de alegría.
Morir en la sangre de mi corazón.

He caminado y violado en los alrededores de tu piel mi juventud
deteniendo y deteniendo
el hilo de tu virginidad.
He corrido como los caballos de tu infancia
que te excitaban y temías
para llegar un poco antes
en el mismo momento al límite de la noche
por no haber creído
en el crecimiento de las flores de tu pueblo.

Ahora vuelvo mi rostro y las oraciones de mi niñez hacia ti
para convencerte de la soledad de los hombres
Puedo agitar las banderas de las discordias y la cordialidad
para vencer tus años de padre y madre
venidos de un país extranjero o de la provincia.

Hemos estado juntos en la ciudad
tan cerca de mi oficio como de la maldad
tan cerca de mi oficio como del amor
y sin embargo ahora
adiós querido mío estoy cansada
te descubro
me ahogan la
s habitaciones de tu casa
debajo de las casas
y tú no eres el misterio ni el alga ni el junco
que turba o desborda la soledad.
Me ahogan tus diálogos con el viento
y las conversaciones desenfadadas y violentas.

 Miguel Oscar Menassa
De "La ciudad se cansa", 1963

lunes, 20 de mayo de 2019

SIN BUSCAR SENTIDOS


Sin buscar sentidos
sin buscar sentidos
a veces
no se puede vivir.

Buitre acostumbrado
a la carroña
vuelo sin olfato
perdiendo el rumbo.

Lumínico vientre
jugos
como vertientes de arrebato
contra los ojos mal-heridos,
desvariados.

La soledad
me tiende sus redes de brocato.

Me repito
un hombre solo no es un hombre
un hombre solo no es un hombre
y abro la boca hambriento
sin saber ¿Porqué?
me toca este camino.

Soñador
acostumbrado a vivir
empecinadamente la poesía
amo en general los silencios,
las brusquedades
los silencios.

Entendido en catástrofes
nazco
entre lo que se desmorona.

Piedras
antílopes caídos,
tigres
como llamas de seda.
Llamas
piedras
y entre los desperdicios
siempre encuentro una flor.
Una simple delicadeza
para el alma.

Volando entre galaxias
de nuevos pensamientos
mi vida
se llenó de malos pasos.

Normal. Normal
eso no pude nunca.

Soy una promesa
y el diente
posterior de la nada.
La poderosa serpiente
que le da vida a Dios.

Veneno y fe.
Veneno y fe
y azúcares
y olores
de azúcares quemados
y corales
y negruras
y tiempo de paz.

Los hombres van y vienen
recuerdan y olvidan.

Panes y recuerdos
me repito a cada instante
panes y recuerdos
tuvimos todos.

Cuando partí de mi ciudad
lo sabía todo y lo olvidé
lo sabía todo y lo olvidé.

Viajo sin rumbo porque olvidé
el destino del hombre.

Tanta muerte y tanta locura.
Tanta soledad.
Mejor viajar sin rumbo
mejor detenerse
donde nadie se detiene
cielo hay
en todas direcciones.

Fui un perro, lo sé,
buscando en la basura
un pedazo de carne
y sin embargo
extranjero y feliz
quiero para mí
lo que me corresponda.

Orgulloso de mis defectos
soy un pavo real
sorprendido por sus colores.

Hasta aquí
amante
de las virtudes de los otros
quedé sensible al asco.

Picoteo todo
buscando el sabor deseado
y el sabor deseado
está en mí.
Normal. Normal
eso no pude nunca.

Alcanzo
las primeras arenas
a fuerza de coraje
no huyo del mar
lo abandono.
Incendio el mar.
Abro caminos
en los pantanos.

Busco
entre las fieras
un destino.
Mejor no tener nada.
Mejor
andar por la vida
como si el mundo
nos perteneciese.
Pisar aquí y allá
quedarse siempre
en el mismo sitio
y volar. 


Miguel Oscar Menassa www.miguelmenassa.com

sábado, 20 de abril de 2019

Veo abrirse futuro en tus entrañas


Veo abrirse futuro en tus entrañas,
veo inflamarse mi corazón de dicha.
Ataco sin piedad mis versos anteriores
y escupo la cara del oro y la miseria.
 
Soy el loco Siglo Veinte, estoy espantado de mí.
Hago el amor y contraigo enfermedades incurables.
Trabajo con ahínco y deseos para ser explotado.
Escribo bellos versos para metérmelos en el culo.

Todo está calculado para mí, menos mi ansia.
Todo está computado para mí, menos mi deseo.
Todo está ordenado para mí, menos mi hambre.

Cuando escribo se rompen los relojes
y ese futuro abierto en mis entrañas,
se libera, se hace carne en el mundo.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista", 1987 

domingo, 7 de abril de 2019

NI COMO TU NI COMO YO


Ni como tú. Ni como yo.
Si es necesario
para vivir
que muera todo.
La Poesía
independiente
de toda pasión
no le teme a la muerte
porque la muerte
es su presencia iluminada
y en esa dimensión
más que morir
la sangre se transforma.
Vientre animal
pariendo el universo
voz gutural
nocturna del poeta
piedra y, a la vez,
un movimiento felino
entre los árboles.
Exóticos manjares y preludios
de frutos mojados por la lluvia
anidan en tu cuerpo,
carnes sangrantes del tiempo
feroces como raíces violentas
atadas al amor.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"

domingo, 27 de enero de 2019

ZARPAR II

19 de noviembre de 1976, Madrid.

Amantes de la delicadeza
hundid junto conmigo vuestras garras atlánticas
en el cuerpo de la bella que acaba de morir.

Dejo el mar.
Construyo en la clara meseta
-por encima de todos los niveles-
la casa del poeta.
Pequeña y cálida torre
donde la mierda y los espantos
azules pájaros
                      reclaman
el privilegio sobre el siglo.

Pequeño siglo evanescente, habrá
te lo prometo
en el final de tus finales
un pequeño hombrecito de palabras
una pequeña ley
una pequeña oscuridad total.
El hombre del principio nacerá de la sombras. 

Tengo un defecto, y debe saberse:
                               Con los hombres hago la guerra
                                con las mujeres el amor.

Vivo, como se vivía hace 5000 años.

Miguel Oscar Menassa
De "Salto mortal", 1977

domingo, 16 de diciembre de 2018

AMOR PERDIDO. MI MADRE

II

Una mezcla de servidumbre y libertad,
ambas inconcebibles, me acompañan.
Como un hueco vacío en plena soledad.
Como un silencioso toque de queda a muerte.
Como un viejo silbido proveniente del mar.

Extrañé, dulcemente, tus carnes todo el tiempo.
Soñé, me até a los brazos de la muerte y tu cuerpo,
no dejaba de llamarme la atención con su frialdad,
espesa venganza de las tierras heladas por el odio.

Pensé en la muerte nuestra compañera inalterable,
separé todo lo que se puede separar del cuerpo y,
a pura alma a corazón batiente, aferrado a la vida,
palabra a palabra, fui construyendo este espejismo.

Por fin he comprendido: soy un poeta afortunado.

Miguel Oscar Menassa
De "Amores perdidos"

domingo, 9 de diciembre de 2018

A LOS CUARENTA Y CINCO AÑOS


Sentado cerca, muy cerca, de mi alma,
miro las flores de mi pequeño jardín
y me estremezco.

Es mi jardín una gota pequeña de mi sangre.
Son mis flores colores de mi vista.
Reconozco crecer en el lento y pertinaz,
crecer de yerbas buenas, anémonas o
pequeñas caléndulas retorcidas de amor.

En el centro de mi pequeño jardín está la selva.
Esotéricas malvas, margaritas perdidas de inocencia.
Pequeñas campanillas multicolores pero con ruido a selva,
a tambores alucinados, a tambores quietos esperando la muerte,
a pequeños tambores de locura, a tambores valientes,
empedernidos, tercos tambores, que ya suenan sin manos,
que ya suenan por la simple alegría de sonar.

Tambores, tambores negros, tambores de la muerte.
Arranco de mi jardín, una inocencia, un don, una esperanza,
arranco del centro de mi jardín, del fondo mismo de la selva,
pequeña poesía enamorada, rota de amor, futura.

Miguel Oscar Menassa

De "La patria del poeta", 1991