sábado, 20 de diciembre de 2014

Veo abrirse futuro en tus entrañas


Veo abrirse futuro en tus entrañas,
veo inflamarse mi corazón de dicha.
Ataco sin piedad mis versos anteriores
y escupo la cara del oro y la miseria.

Soy el loco Siglo Veinte, estoy espantado de mí.
Hago el amor y contraigo enfermedades incurables.
Trabajo con ahínco y deseos para ser explotado.
Escribo bellos versos para metérmelos en el culo.

Todo está calculado para mí, menos mi ansia.
Todo está computado para mí, menos mi deseo.
Todo está ordenado para mí, menos mi hambre.

Cuando escribo se rompen los relojes
y ese futuro abierto en mis entrañas,
se libera, se hace carne en el mundo.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista"

jueves, 18 de diciembre de 2014

TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA O CON LA MUERTE - III-


Cuando vuelvas por el camino de la tierra
no detendrás tu mano ni ninguna palabra
me recordarás simplemente tendido y esperando
que el viento y la lluvia
mojen o enfríen
ay, tu quieto, tu terco corazón.

No volverás florida
ni empecinadamente revueltos los vestidos
ni nada de alegría
en tu cuerpo de haber estado antes en la ciudad
y antes todavía en el campo.
Mi amada, en esta realidad puñados de oro
saltan y golpean para que el río vuelva.
La soledad no vuelve o no es la misma.
El río no vuelve.
El amor puede quedarse dormido entre las sábanas
o las escaleras del puerto
donde los rufianes con sus amigas y los pescadores
lentamente silban su dolor
porque no viene nadie.
Amada, aquí no hay río que humedezca y alegre tu piel.
Aquí la soledad.

Miguel Oscar Menassa
De "La ciudad se cansa"

TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA O CON LA MUERTE -II-


El musgo crecía en las piedras
de la orilla del río de tu pueblo.
y el deseo en tu corazón.

Tus piernas te acercaban a la seriedad
y en las tardes de silencio y excitación al río.
Las primeras aguas en llegar a las piedras
también llegaban a tus muslos desnudos
humedeciendo y alegrando
tus maneras del ocio y la ternura.
Las pensiones de la ciudad no son el río
Las mujeres se duermen y se levantan solas
y cuentan o cantan su soledad a la noche
y a los carteles luminosos.
Amada, aquí no hay río que humedezca y alegre tu piel
Aquí en la soledad y el tiempo del invierno
el humo y el olor de los hombres
cubre y desgarra las pieles de las niñas.
Y tú mi amada casi nunca demasiado estupenda y ágil
cubierta y desgarrada por mí
en el comienzo de las frutillas y el verano
no puedes entenderlo.
Entonces mi querido me ahoga tu calor
el poderoso cielo de tus caminos interminables
me ahoga el vagabundo
que nos perteneció de rabia y júbilo en la ciudad
el mismo que gime o ruge cuando se queda solo.

Miguel Oscar Menassa
De "La ciudad se cansa"

martes, 16 de diciembre de 2014

TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA O CON LA MUERTE -I-


 El campo siega los corazones jóvenes
 y éstos ya no se parecen a las garzas
 o a los patos volviendo de la laguna
 mojados y despreocupados del frío de la tarde.
 Tú eras libre y pequeña en la provincia
 antes de la ciudad
 solías descorrer las tranqueras
 que detenían las ovejas
 para verlas trotar
 por los callejones de tierra.
 Solías aprovechar tu día
 viendo el crecimiento vertiginoso de los trigos.
 Las manzanas por detrás de la casa.
 La ciudad es melancólica y familiar
 pero en el campo de mi corazón
 ríes y saltas por entre los tabiques
 hasta reventar de alegría.
 Morir en la sangre de mi corazón.
 He caminado y violado en los alrededores de tu piel mi juventud
 deteniendo y deteniendo
 el hilo de tu virginidad.
 He corrido como los caballos de tu infancia
 que te excitaban y temías
 para llegar un poco antes
 en el mismo momento al límite de la noche
 por no haber creído
 en el crecimiento de las flores de tu pueblo.
 Ahora vuelvo mi rostro y las oraciones de mi niñez hacia ti
 para convencerte de la soledad de los hombres.
 Puedo agitar las banderas de las discordias y la cordialidad
 para vencer tus años de padre y madre
 venidos de un país extranjero o de la provincia.
 Hemos estado juntos en la ciudad
 tan cerca de mi oficio como de la maldad
 tan cerca de mi oficio como del amor
 y sin embargo ahora
 adiós querido mío estoy cansada
 te descubro
 me ahogan las habitaciones de tu casa
 debajo de las casas
 y tú no eres el misterio ni el alga ni el junco
 que turba o desborda la soledad.
 Me ahogan tus diálogos con el viento
 y las conversaciones desenfadadas y violentas.

Miguel Oscar Menassa
De "La ciudad se cansa"

lunes, 8 de diciembre de 2014

EL OFICIO DE POETA


Envuelto en las brumas del tedioso vivir,
sólo la poesía me acompaña.

Cuando voy por la vida, Ella,
suele asombrarse de mi soledad.
Le digo que no importa,
en su presencia el mundo se detiene para mí,
el oro brilla para mí
las mujeres más altas bailan para mí,
los pájaros más nocturnos velan mi sueño.
Envuelto en los poderosos ruidos de la máquina
sólo su voz humana me acompaña.
Cuando hacemos el amor, Ella me reprocha,
amarla como si fuera única.
Le digo que no importa,
en su presencia el mundo detenido en mis manos
se abre para mí, lo múltiple se abre para mí,
añejas pasiones y amores venideros,
delirios y mujeres, se abren para mí,
diosas enamoradas y diademas, belleza embrutecida,
el aire se abre para mí, los espacios abiertos
donde nuestro gran sol es una estrella más.
Envuelto en las sutiles marañas del poder,
toda la vida es Ella.
Cuando Ella me encuentra en esa encrucijada,
donde yo mismo soy el amante de la muerte,
Ella baila desnuda para mí
y desnuda, despojada, también, del amor,
dispara sobre mí para que no muera,
un millón de palabras en libertad.
Le digo que no importa,
en su presencia danzarina, la muerte deja de brillar,
tiemblan los cementerios,
se abren los corazones profundos de la tierra,
la vida nace por doquier
y el frenesí es color, vértigo, duda,
danza de la alegría sin escrúpulos,
alegría en plena libertad,
muerte de la muerte.

Miguel Oscar Menassa
De "El amor existe y la libertad"

jueves, 4 de diciembre de 2014

SOY EL FINO PERFUME DE UNA TIERRA PERFECTAMENTE HELADA

25 de Abril de 1982

Y para no caer en medio de la calle
esta noche
escribiré un poema de piedra.
Esta noche me ofrezco para ti
calcinado en dolor
entrecortado de silencios.
Busco entre las palabras tu cuerpo
y mis versos se llenan de tristeza.
Una silenciosa tristeza moribunda.
Ocre piedra maciza donde grabo
con insospechada precisión
la historia de tus cuerpos:
Endeble mariposa multicolor
y quieta
sin alas
sin ambiciones de volar.
Canto rodado de una playa muerta
playa olvidada del frenesí del mar.
Inquietante deseo
el de tu cuerpo amordazado.
Inquietante amor
el de tu sexo enterrado
bajo la quieta arena de la muerte
donde el viento no volverá a pasar.
También he conocido
tu cuerpo sin par
abierto.
Grandes ocasiones
donde todo se destruye
o todo se olvida.
Tu cuerpo
pétalo frágil en mis labios.
Tu cuerpo
lleno de multitudes y borrascas.
Humana carne
de enloquecerse y de vivir
tu cuerpo
carne bestial de luz
pájaro alborozado de su vuelo.
Tu cuerpo en los abrazos.
Besos donde tu boca
arquitectura de la magia
arranca del silencio
trozos
breves jirones
aullidos de libertad.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"

jueves, 27 de noviembre de 2014

COMENCÉ A DARME CUENTA


Comencé a darme cuenta de que no era libre.
Nadie toleraba que a los 61 años,
amara el amor en lugar de hacerlo.
Nadie toleraba que a los 61 años,
todavía amara la libertad
que nunca había conseguido.
Ni yo mismo a los 61 años
puedo amar mis deseos sexuales.
Y después, las tardes de domingo,
me dejaba caer como una flor marchita
para que ella me pisoteara y nunca, nadie,
ni siquiera ella misma en su temblor,
podía tolerar mi resurrección.
Y yo me alzaba como los que saben volar
y ya tenía 61 años y siempre me veía caer
pero la vida misma es una sola para todos
por eso hubo días que algo en mí no caía.
Ella, rezando arrodillada
y yo, alzándome en la frase
hasta tocar su alma,
su vientre
su canción.
Ahí estaban las luces y éramos todos ciegos.
Nadie podía ver más allá de su amor.
Nadie podía llorar por desgracias ajenas.
Nadie podía dar comida al hambriento,
nuestra desgracia se lo llevaba todo.
Nunca hubo justicia entre nosotros
y jamás conocimos la libertad,
somos un pueblo muerto,
desde el comienzo nunca hubo pan.
Así eran las frases que ella recitaba
cuando, valientes, hacíamos el amor.
Y nadie toleraba que nuestro amor
fuera ese suave galope cibernético
a los 61 años
casi sin piernas
sin ganas de volar
sin cabellos al aire
sin manos al unísono
grabando en tu cuerpo
las huellas del tiempo.
A los 61 años,
cuando hacíamos el amor
todo era alucinación
verbo y locura.
Y lo peor de todo
era que nadie podía soportar,
ni siquiera ella misma,
que yo la mirara a los ojos
durante las comidas,
en el baño,
un momento antes de parir,
hijo o poema,
y la miraba a los ojos
cuando hacíamos el amor
y eso, en verdad, la enloquecía
y su goce era magistral y nuevo
pero nunca pudo tolerarlo.
Un día me lo dijo claramente:
no soporto que a los 61 años
seas tan feliz.
Miguel Oscar Menassa
De "Al sur de Europa"

martes, 25 de noviembre de 2014

HE VIAJADO. HE VIAJADO

Querida:

He viajado. He viajado,
hombre de piel como palabras,
he viajado por lo que queda del alma...
y no estoy de acuerdo.

Tristeza agrandada por sus contradicciones,
soy el dolor del siglo que no duele.
Más que la atroz materia que destruye,
un simple giro del lenguaje.
A la palabra amor,
le puse cascabeles como a la lepra antaño.
A la palabra madre,
le puse un cataclismo entre las piernas
y una belleza masculina en la mirada.
Ojos de miel combiné con mi patria
y me dejé llevar por la marea.
Llené el mar de palabras antiguas
y hundí el mar.
De la mujer hice una frase.
Detuve su infatigable locura,
toda locura entre mis letras.
Al tembloroso, avergonzado sexo,
le agregamos torrentes, cataratas.
Ella existe,
ha nacido en mis versos.
Poesía de fuego,
donde el dragón es ella y la palabra.
Te escribo, ¿ ves? te escribo,
como antaño el hombre se escribía.
Hago que tus gemidos,
yegua loca pariendo la mañana,
abandonen tu cuerpo.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista"

sábado, 22 de noviembre de 2014

LA MUERTE DEL HOMBRE

31 de Diciembre de 1976

Es otra vez de noche
y en general
la casa duerme.
Una voz en la radio
dice últimas palabras.
Me entretengo con el humo
y me ocurren mil fantasías
y ninguna tiene que ver
con recostarme
tranquilamente en la cama
y dormir.
Entre tantos papeles
terminaré siendo un escritor
y fijo mi mirada en la lejanía
y dejo que la historia del hombre
irrumpa
con la violencia de su sino
mi noche.
Enciendo cigarrillos a mansalva
uno detrás de otro como si fueran
centelleantes granadas contra los opresores.
Desde hace millones de años
el hombre vive de rodillas.
Las granadas estallan en mi rostro.
Primitivas presencias
pueblan mi noche de salvajes ritos.
Ceremonias donde la muerte
siempre es una canción
sublime y misteriosa.
Bestias indomables
semejantes al hombre
por la torpeza
de sus movimientos
danzan a mi alrededor
iracundos
silvestres.
En un mal castellano
me dicen que su jefe
quiere charlar conmigo.
Sentado en mi cama escribiendo
pido que dejen de rugir tambores
que cese la danza
que me dejen escribir este poema.
El hombre tiene hambre y sed desde milenios.
Somos ese hombre hambriento y sediento poeta
cantad con nosotros:
Venimos de la Mesopotamia
y del Caribe
y buscando la perfección hemos llegado
hasta los mundos que se esconden
por encima del cielo
y no hemos encontrado nada.
Siempre hay un hombre que tiene hambre.
Siempre hay un hombre que se muere de sed.
Aquí mismo poeta
en tu casa
anidan el opresor y el oprimido.
Sentado sobre mi cama escribiendo
les digo a los salvajes
que ya es noche tarde
que por favor dejen de danzar
que necesito
hundirme entre las letras
mi hambre
mi única sed.
Dejaron de danzar
y el que se destacaba
por su tremenda humanidad
me fulminó con su mirada.
¿Quién es más cruel?
Poeta
¿Quién más salvaje?
El que muere peleando
por un trozo de pan
o el que no muere nunca.
Quién producirá el exterminio
poeta.
Mis armas o tus versos.
Y ahora poeta deja la pluma
echa a andar y piensa.
Sentado sobre mi cama
escribiendo
le digo al salvaje
que no quiero irme de mi pieza
y que siempre supe que pensar
no era necesario y que deseo
es la última vez que se lo digo
seguir escribiendo este poema.
Antes de continuar me detengo
en la inteligencia del salvaje:
habla bien y mientras habla
deja escapar entre las palabras
el aliento
para que todo suene vital
desgarrador.
Yo soy el hombre
grita la bestia encadenada
y tú poeta ¿eres el hombre?
Escribir para quién
dónde los amigos
y dónde los enemigos.
Dime poeta
¿tu canto
necesita del futuro
para ser?
Ese poema que escribes
contra todo
a quién le servirá.
A ver poeta un verso
que me diga ahora mismo
¿qué es el hombre?
Sentado sobre mi cama escribiendo
me doy cuenta
que la inteligencia del salvaje
terminará quemando
todos mis papeles escritos
en esa hoguera
que fueron construyendo
a mi alrededor
sus palabras.
Dejo de escribir
lo miro fijamente a los ojos
y murmuro sus propias palabras
en un solo verso un hombre
en un solo verso un hombre
y me decido a escribir ese verso.
Sostengo con mi mirada
la mirada del salvaje
y con rápidos movimientos
tomo la ametralladora
y disparo varias ráfagas
sobre el cuerpo del salvaje
que con los ojos desorbitados
por el asombro
cae
para morir y desaparecer.
Sentado sobre mi cama escribo ahora
con la seguridad
de quien ha llegado a la cima:
Un poeta asesinó su hombre
para escribir este poema
y eso
es un hombre.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"

miércoles, 19 de noviembre de 2014

NO TENGO QUE DEJARME CEGAR POR LUZ ALGUNA


No tengo que dejarme cegar por luz alguna
aunque reconozco, al decirlo, algo me ciega.
Mis cosas hechas, mis amores tenidos, mis poemas,
al viento, alguna loca ambición del tiempo porvenir.

 
Marca que el hambre me dejó en la nostalgia.
Algún muerto querido reclamando su muerte.
Algo me ciega cuando escribo: he amado.
Algo de la libertad que ya no podré ser.

Algún pedazo de sol caído para siempre.
Algo que ya no brilla para nadie, me ciega.
Un fulgor que no siendo, no ve nada en mí.

Y ese no ver lo que será imposible, habla,
me dice del deambular efímero de los astros,
de un amor hecho carne sobre los ojos ciegos.

Miguel Oscar Menassa
De "La patria del poeta"

lunes, 17 de noviembre de 2014

VOLAD VERSOS MÍOS ID CONTRA TODO


Es un verso
que de habérmelo propuesto
lo hubiera escrito yo.

Mi voz
la palabra publicada tiene mi voz.
Ese murmullo que te vuelve loca.

Cuántas veces vi explotar tu sexo
entre mis signos de puntuación
y te lo dije:
Nena
tu amor no tiene límites
te detendré en una palabra.

Locura y vértigo ya no tengo más
todo transcurre como necesario
inevitable
ardiente
y en ese ardor
todo lo que transcurre
es Poesía.

Ella desnuda en medio de mi pecho
este siglo se quedará con nosotros
a divertirse, a dormir simplemente.

La haré trabajar de puta
y la haré
subir hasta los astros.
Inventaré un oído cósmico
para su voz
doliente de terráqueo.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"

sábado, 15 de noviembre de 2014

Viste el color ardiente

Viste el color ardiente que tenía en mis ojos.
Estaba enamorado.
Te amaba como cuando las manos del ocaso
se entregan al poema.
Miguel Oscar Menassa
De "Al sur de Europa"

lunes, 10 de noviembre de 2014

MAS ALLÁ DEL ULTIMO CANTO VOLVER ES IMPOSIBLE


 Pasaron cinco siglos
                               y todo,
                                          fue verdad.
 Los vaciadores de entrañas,
 los violadores de sarcófagos.
 llegaron con sus bombas,
                                       al centro de la tierra.
 Querían conquistarlo todo
                                        y tenían,
 una desmedida pasión,
                                   -perversa-
 por los encuentros virginales.
 Amar,
          aman por sobre todo,
                                          la blancura,
                                                           la asepsia,
 una especie de sordo capricho,
                                               en construir,
 murallas infranqueables,
                                    en organizar nuestros sentidos,
 y además,
                claras argucias,
                                       modelos encantados,
 rutilantes titulares en los periódicos,
                                                      para ver,
 si es posible,
                    que desviemos la mirada.
No nos dejan vivir.
                             Sólo precisan,
 que no tengamos hambre,
                                       ¡tanta!
 y para nuestro deseo
                                las reliquias,
 las torpes fieras entontecidas por la vejez,
 los desperdicios,
 en fin,
 para nosotros,
 PAN y CIRCO.
 La tibia
             y melancólica,
                                  costumbre de los pueblos bárbaros.
Para sobrevivir,
                        para que no me matara,
 el tenaz e imperceptible aburrimiento,
                                                          fui el enano,
 y fui también,
                      gigante entre la niebla.
 Un hombre marcado por la viruela boba,
 -quiero decir,
                     tocado,
 por una enfermedad sin importancia-
 Útil
 para un destino grande,
                                    o bien,
                                              uno pequeño.
 Un gajo de humanidad,
                                    hecho carne.
                                                       Violenta insinuación.
 Huyo,
          ahora,
                   tranquilamente
                                         de la biblia
                                                          y me masturbo,
 con la cálida virgen,
                              exactamente,
                                                 enfrentado a la cruz.
Ave María,
                  impura,
                             pecado y maravillas.
 En el atardecer,
                        divina puta,
 te entregarás,
                     a mi mortal enfermedad,
 el buche de palabras.
                                Resistir cristianos,
 no podrán,
                 tengo en mi poder,
                                             el secreto del siglo.
 La mierda,
                 más pura,
                                contra la cruz:
 hijos de carne y hueso,
 amables palabras
                           que recuerdan,
                                                 cánticos de guerra,
  y el humo de mi tabaco,
                                      siempre mortal.
 Y sin embargo,
                        temo como final,
                                                 que nos inventen,
 el HAMBRE,
                     contra nosotros mismos.
                                                         Vale decir,
 que estoy desesperado
                                   y sé
 que moriré de bronca un día
                                           y nadie,
                                                      sabrá nada.
 Ni mis muchachos,
                             ni las locas serpientes
Y moriré de bronca un día,
 porque tengo en mi pecho,
                                          el odio contra todo:
 contra las bellas mujeres y los amigos,
 contra el estúpido indio americano
                                                    y su soberbia,
 y un odio inmemorial
                                contra los impotentes blancos,
 de américa del norte,
                                contra los que nunca,
 hicieron el amor.
                         Odio en mi pecho,
  contra la vieja europa,
  la inventora del hambre y de la guerra,
  la inventora,
                    de la más alta esclavitud,
 la propiedad privada.
                               Y bien,
 digan lo que digan,
                             soy,
 el único poeta de este siglo.
                                          La gran máscara.
 Yo también,
                   tengo en mi pecho,
                                               a mi Neruda,
 quiero,
           mi isla negra,
                              y no crean,
                                              que digo tonterías,
 busquen en mi poesía
                                 y encontrarán,
 que mis uvas maduras,
                                   son,
                                         las más profundas,
 las uvas del festín final,
                                   las más negras.
 Y ahora,
              si quieren,
                             para perdonarme,
 pueden pedirme que rece,
                                        que me ponga a llorar,
 que con mi poesía,
                             la verdadera,
 destruya los demonios,
 como hice con dios.
 Y si soy,
              el claro manantial,
                                         que horada la piedra,
 puedo llorar,
                    por todos los pecados
                                                      y amar a dios,
 y a su diáfano y enloquecido,
                                            séquito de leprosos.
 Temo,
          entonces el infierno,
                                       temo,
                                               morir envenenado.
 Y si el poeta se burla,
 es,
                                  un idiota profundo,
 no tiene en cuenta el porvenir,
                                              lo dice todo.
 No entiende,
                    -ni siquiera para vivir-
                                                     de política.
 Y si lo encierran,
                          el poeta,
                                       ruge de tristeza,
 y su rugido
                 se expande,
 hasta el confín del universo.
Esta vez,
              el poeta,
                           no correrá,
                                           tras los diamantes,
de ninguna playa armoricana,
ni del áfrica negra.
 Esta vez,
               el poeta
 sin oro en su cintura,
 sin cruz en sus espaldas,
                                     se dedicará,
  ni a la política,
                       ni al ocio.
                                     Esta vez,
 para acallar,
                   el canto del poeta,
                                               habrá que matarlo.
 Y si alguien intenta,
 la inmensa porquería de matarlo,
                                                  el Poeta,
  parece ahora,
                       una bandera,
                                          pero,
 asesino inmortal de toda la blancura,
 amante empecinado de la destrucción,
                                                          de toda la pureza,
 no deja de cantar.

Miguel Oscar Menassa
De "Canto a nosotros mismos también somos América"

martes, 4 de noviembre de 2014

Amor perdido. Buenos Aires - VI


Viajar, hablar, deseos fuertes de la infancia,
rubicunda voz, en el propio centro de las células,...
fiera descarrilada, definitivamente, me humanizo.


Cuando desconfío, rastreo mi propio rastro.
Hay un animal en mí, que vuelve siempre.
Una voz que de noche nunca se detiene,
me lleva de la mano contra las montañas,
contra los, pequeños, búhos del terror.

Busco una palabra plena para el corazón de la bestia feroz.
Ajada cruz, sobre los hombros del que no se anima a vivir.

Rompo contra mi propio cuerpo el ábaco, dejo de contar.
Me sumerjo en una ansia frenética por vivir, amar, hablar,
seguir, aunque nadie lo quiera, descarrilando mi destino.

Miguel Oscar Menassa
De "Amores perdidos"

viernes, 24 de octubre de 2014

RECUERDO LA ÚLTIMA VEZ


Las caderas
estallaban una contra otra
y al final
fue el silencio.
Después
vinieron las rampantes
acacias de la noche
a dibujar los sueños.
Fiebres
besos haciendo llamas
y el impenetrable
murmullo del silencio.
Terquedades efímeras
caprichos pasajeros
vergüenzas del soñar
y comenzamos a vivir.
Vuelvo para decirte
que la vida
fue esa dureza entre nosotros.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"

jueves, 23 de octubre de 2014

AMOR PERDIDO. LA JUVENTUD - XII


Cuando te miro,
veo detrás de ti,...
me dijo ella sin pensarlo
y cuanto más te miro
veo más lejos.

Si te quedaras quieto para siempre,
vería hasta el confín,
vería al hombre nuevo,
nacer en la distancia.
Moví mis ojos,
de un lado para otro
y en cada movimiento,
ella desesperaba más y más.
Salté sobre mis ojos,
corrí por los suburbios de mi piel, para dejarla ciega.
Ella me dijo, tranquilamente,
sin mirarme:
cuando te toco,
siento que el Universo se parte,
para nacer a la distancia
y sus palabras, sin más,
sus sentimientos,
aquietaban mi espíritu,
paralizaban, sencillamente,
mis movimientos,
dejaban mi piel,
abierta,
extendida en sus ojos.

Miguel Oscar Menassa
De "Amores perdidos"

sábado, 18 de octubre de 2014

LEJANÍA


Ahora estoy excitado, loco de contento,
me puse a decir cosas y nació un poema.
Después me sacudí las últimas cenizas de la muerte...
y me puse a mirar la lejanía y, algo me estremeció.


No fue una luz de fuego, ni el dolor de la guerra,
ni del futuro las artes y las ciencias luminosas.
No vi cuando miré la lejanía la caída del mundo.
Ni bombas atómicas, ni láser asesino, ni venenos.

No vi al hombre en soledad encerrado en sí mismo.
Ni a la mujer crucificada queriendo ser nuevas religiones.
No vi familias encadenadas o muertas o estados corrompidos.

No vi niños raquíticos ni jóvenes drogados o perdidos.
Ni me vi, a mí mismo, viejo, con barba blanca, escribiendo.
Lo que vi fue, sencillamente, la lejanía y, eso, me estremeció.

Miguel Oscar Menassa
De "La patria del poeta"

jueves, 16 de octubre de 2014

CERTIDUMBRE


Puedo ponerme triste
 por aquello que nos diferencia
 y aquello que nos une.
Me identifico:
                    Soy un hombre del sur
 Parado
 los vientos cálidos pasan por mi cabeza
 y los fríos
 por mis pies.
 Mis genitales miran hacia oriente
 donde nació mi padre
 donde crecen los linos
 donde el amor -me dicen- y los ríos
 son parecidos en el color y la frescura.
Conozco de los pasos hacia adelante
 y de los pasos hacia atrás
 de las peligrosas caídas
 y de los saltos hacia el cielo.
Tengo
 ciertas costumbres extranjeras
 en mi país,
hago el amor y sueño.

Miguel Oscar Menassa
De "Yo pecador"

lunes, 13 de octubre de 2014

Remotamente como una historia de viejos tiempos


Remotamente, como una historia de viejos fantasmas,
me veo de rodillas. Mis manos en perfecta supinación,
tus ojos sobre mi nuca abierta a tus deseos claros.
Mi vientre retorciéndose de asco por pedir ese amor.


Remotamente, como una historia del hombre primitivo,
recuerdo tu aristocrática locura atada a mi bragueta,
tus besos de mujer educada, tus besos de señora culta,
en tropel, alcanzan la dimensión oculta de mis tetas.

No ya en el tiempo, sino en los sueños donde el tiempo,
moría irremediablemente atacado de golpes de ternura.
Te amé, lo reconozco, con furia y con dolor. Te amé,
arrancando de la feroz humillación, tenues sonidos.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista"

martes, 7 de octubre de 2014

Hoy he conocido el terraplén sangrante


Hoy he conocido el terraplén sangrante,
la herida en el ojo, abierto, de la vaca....
La ojiva negra perdida en el semblante,
la voluntad de amar el pozo de la nada.


He visto a mi lado las caras de la muerte,
el cascabel faltante de las horas de amor.
La cruz de Cristo, partida, en mil pedazos,
la triste encrucijada de odios malhabidos.

He visto, he conocido, he sentido a mi lado
la enfurecida bestia de la triste venganza.
El humo envenenado de horas no vividas.

Hoy he vivido sin par mi nacimiento.
Mi original manera de nacer a la vida.
El colosal, surgimiento de un poema.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista"

sábado, 27 de septiembre de 2014

"Dedicarme a mis cosas, como si todo lo que pasa en el mundo no fueran mis cosas."
Miguel Oscar Menassa

viernes, 26 de septiembre de 2014

Seminario Sigmund Freud. Temporada 2014-2015

TEMPORADA 2015-2015
Todos los jueves a las 19h
Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero - Convocatoria XXXV
 
Fecha de comienzo del curso: 9 de octubre de 2014 a las 19h
 
Información e inscripción:
Tel.: 91 758 19 40
 
Programa completo en www.grupocero.org
 
Las primeras clases serán impartidas por el director de la Escuela, Miguel Oscar Menassa
 
Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero
c/Duque de Osuna, 4 - Locales
(Metros: Plaza de España-Ventura Rodríguez)
 

sábado, 20 de septiembre de 2014

Fui lo que se dice un buen fenicio, en todo

                                                                                               
Fui lo que se dice un buen fenicio, en todo.
No era navegar por navegar, mi oficio,
mi oficio era tenderme entre los puertos.

Rosa perdida de perfumes rotos,
color de soledad, dejaba en cada puerto,
un infinito brote de locura.

No estoy perdido de amores sino de tedio:
ya nadie corre por los peldaños de mi mente como tú,
ya nadie abre su fuente con alegría y deseo para mí.
Yo ya no veo tus ojos en lo profundo de mis manos.

Navegar por navegar no es mi oficio,
arrancar trozos de la nada y unirlos en conjuro,
ese es mi oficio silencioso y tenaz, como de versos,
mi oficio no se puede aprender, no sabe, es ciego.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista"

jueves, 18 de septiembre de 2014

Querida: He viajado...


He viajado. He viajado,
hombre de piel como palabras,
he viajado por lo que queda del alma
y no estoy de acuerdo.

Tristeza agrandada por sus contradicciones,
soy el dolor del siglo que no duele.
Más que la atroz materia que destruye,...
un simple giro del lenguaje.

A la palabra amor ,
le puse cascabeles como a la lepra antaño.
A la palabra madre,
le puse un cataclismo entre las piernas
y una belleza masculina en la mirada.
Ojos de miel combiné con mi patria
y me dejé llevar por la marea.

Llené el mar de palabras antiguas
y hundí el mar.

De la mujer hice una frase.

Detuve su infatigable locura,
toda locura entre mis letras.

Al tembloroso, avergonzado sexo,
le agregamos torrentes, cataratas.

Ella existe,
ha nacido en mis versos.
Poesía de fuego,
donde el dragón es ella y la palabra.

Te escribo, ¿ves? , te escribo,
como antaño el hombre se escribía.
Hago que tus gemidos,
yegua loca pariendo la mañana,
abandonen tu cuerpo.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista"

lunes, 8 de septiembre de 2014

ABIERTO, YO ESTABA ABIERTO Y TE LO DECÍA


Abierto, yo estaba abierto y te lo decía.
sin precaución, sin extremos cuidados
te hablaba de mi ser, abierto naturalmente...
como se habla del cielo o de la espuma.


Esas tardes de mares, de completos océanos
donde las grandes olas no hacían otra cosa
que estrellarse blandamente, caer sin fuerzas,
enamoradas, frente al vacío abierto de mi voz.

Un día, caprichosa, te arrojaste en mi interior
y tiraste del fondo de mi piel, empecinada,
para cerrar al mundo, el vértigo, mi belleza.

Te enloqueció mi manera de resistir, riendo,
jugando con las olas, alborozadas por mi amor.
Te dejamos toda la piel para seguir abiertos.

Miguel Oscar Menassa
De "Al sur de Europa"

viernes, 5 de septiembre de 2014

SOY EL FINO PERFUME DE UNA TIERRA PERFECTAMENTE HELADA

                                               25 de Abril de 1982

Soy el fino perfume de una tierra
perfectamente helada
y para no caer en medio de la calle
esta noche
escribiré un poema de piedra.

Esta noche me ofrezco para ti
calcinado en dolor
entrecortado de silencios.

Busco entre las palabras tu cuerpo
y mis versos se llenan de tristeza.

Una silenciosa tristeza moribunda.

Ocre piedra maciza donde grabo
con insospechada precisión
la historia de tus cuerpos:

Endeble mariposa multicolor
y quieta
sin alas
sin ambiciones de volar.

Canto rodado de una playa muerta
playa olvidada del frenesí del mar.
Inquietante deseo
el de tu cuerpo amordazado.

Inquietante amor
el de tu sexo enterrado
bajo la quieta arena de la muerte
donde el viento no volverá a pasar.

También he conocido
tu cuerpo sin par
abierto.
Grandes ocasiones
donde todo se destruye
o todo se olvida.

Tu cuerpo
pétalo frágil en mis labios.
Tu cuerpo
lleno de multitudes y borrascas.
Humana carne
de enloquecerse y de vivir
tu cuerpo
carne bestial de luz
pájaro alborozado de su vuelo.

Tu cuerpo en los abrazos.

Besos donde tu boca
arquitectura de la magia
arranca del silencio
trozos
breves jirones
aullidos de libertad.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"

martes, 2 de septiembre de 2014

SEMINARIO SIGMUND FREUD. Clase Inaugural a cargo de Miguel Oscar Menassa, Director de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero

MIÉRCOLES, 10 DE SEPTIEMBRE A LAS 19 H.
 


GRUPO CERO INAUGURA SU XXXV EDICIÓN DEL SEMINARIO SIGMUND FREUD CON UNA CONFERENCIA DEL DIRECTOR DE LA ESCUELA MIGUEL OSCAR MENASSA.

35 años enseñando a Freud, ...cientos de libros publicados y cientos de psicoanalistas formados. ¿Quién se encarga de esto? La Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero (www.grupocero.org) dirigida por el Doctor Miguel Oscar Menassa Chamli, candidato al Premio Nobel de Literatura 2010, artífice y fundador del Grupo Cero, uno de los movimientos científicos culturales más importantes desde la segunda mitad del siglo XX, según la International Writers and Artists Association y que marcará el futuro cultural y científico del siglo XXI.

Freud dijo que el psicoanálisis no pasaría de siglo si no era montado en la poesía y así ha sido. La poesía abre las puertas a la ciencia y el psicoanálisis abre las puertas a las personas.

Comienza a labrar tu futuro tal y como tu lo quieres para ti.

La conferencia inaugural será el miércoles 10 de septiembre a las 19:00

 

lunes, 1 de septiembre de 2014

INVENTARIO


Digiero las esperas
devoro tu majestuoso silencio
y añoro la risa de los días de abril
donde amarnos era, todavía, una promesa.

Y, sin embargo,
por la esperanza de comerme el universo,
me trago los recuerdos de la danza,...
furiosa, danza de amor, entre las ciudades,
salvaje, danza de amor, entre los apartamentos.

Estábamos abrazados, contra el viento,
en la desolada ciudad.

Todo era el ritmo de nuestros corazones.
De tanto en tanto,
una flor caída,
marcaba el paso de los años.
De tanto en tanto, un sol, una lluvia,
anunciaban, de las nuevas estaciones,
el comienzo.

El día y la noche,
eran el color de nuestros pensamientos.
En los estallidos siempre había luz
y siempre había, para los encuentros de amor
un claro-oscuro en el bosque,
sombras y soledad; tibieza y luz.
Siempre una armonía perfecta para los actos simples
Los actos, querida,
que no podremos inventariar jamás.
Todo fue, humo y alegría.
Misterios.
Todo fue, invisible y etéreo.
Sonoro.
Todo vida.

Miguel Oscar Menassa
De "El amor existe y la libertad"

jueves, 28 de agosto de 2014

Querida: A medida...


A medida que voy entendiendo lo que nos pasó. Lo que hice que pasara con mi vida en Madrid estos diez años pasados, me quiero morir, cada vez más y, sin embargo, sé que no lo haré y con el tiempo terminaré recordando con cariño y benevolencia a mis torturadores. Algún poema rendirá homenaje, también, al mal.
Ya verás, cuando termine de desnudarme, también saldrán
corriendo, pero esta vez impactados por mi pureza.
Nunca he sido tocado sino por mí mismo.
Cuando ella me besaba, en realidad besaba la imagen que yo proyectaba, amándome, sobre ella.
Siempre mentí, querida, siempre engañé, nunca dije, exactamente, una verdad, a nadie. Ni a mi madre, ni a Dios.
Y si ahora quieres que te diga la verdad te la digo:
He mentido siempre
Y no puedo ya sino mentir.
El no decir del todo. El decir a medias. Decirlo, pero
metafóricamente. Decir, diciendo otra cosa. Enredar, enrollar,
desrealizar, forma parte fundamental de mi estilo.
La palabra me había comido el corazón.
Llegué a ser una llanura infinita de sinsentidos.
Habían desaparecido las normas que mantenían unidas unas palabras a otras. La precisión dependía de imponderables. La belleza del azar.
Después, me encontré con un montón de cocodrilos y les dije, cómo era que se hacían los versos y los cocodrilos me dijeron que sí y se comieron todos los frutos que yo había conseguido reunir cerca de mí.
Después, pretendieron escribir y se hundieron, sin más, en sus remordimientos de cocodrilos.
¡Estoy vivo! ¡Estoy vivo! y eso es lo que cantaré.
Se trataba de llevar la relación adelante a cualquier costo,
así me lo había dicho ella en la primera entrevista. Después fue duro explicarle que así no se podía vivir.
Alguien, de los dos, tendría que reconocer algún día que nos equivocamos mil veces y que no sería justo decir que hicimos las cosas bien. Aunque estemos contentos, aunque el hecho de haber sido derrotados nos haga mucha gracia, sería injusto decir que hicimos las cosas bien.
Yo soy el hombre que se comió la almeja envenenada con
radiación atómica. Escupo isótopos como piedras abrillantadas de locura, tengo en mi alma espinas asesinas, luces de ceguera. Soy el arrebato final de un envenenamiento masivo. El cristal más puro, la partícula más sangrienta.
Huyamos hacia el sur, me dijo una tarde con la boca helada y, todavía, antes de morir, huyamos hacia el infierno, mi amor.
Yo en estas ocasiones no le decía nada, después, por su insistencia, le cantaba al oído canciones orientales y le metía el dedo medio en la vida y mi cadencia la llevaba a los límites del amor y oriente medio reventaba en una guerra, tan importante y tan estúpida como todas las guerras.
Ella en penumbras vigilaba por el sonido todos mis movimientos.
Yo no sabía qué hacer: seguir escribiendo o morir en sus brazos y, por fin, le dije muy entusiasmado, por qué no estudiamos duelo y melancolía.
Ella no quiso aceptar, bajo ningún concepto, que yo me cortara las manos, delante de todo el mundo. Tus versos, me dijo, son como puñales de fuego y de locura.
Como puñales abiertos en mil cataratas de volcanes.
Puñales como enamorados dragones infinitos.
lenguas de fuego enloquecidas
contra la helada muerte, arrogante y quieta.
Tus versos.
puñales arrojados sin ninguna compasión
puñales de fuego,
contra la inmensa bestia, blanca y helada.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista"

miércoles, 20 de agosto de 2014

AMOR PERDIDO. MI HIJO PABLO (I)


A veces te molestaba mi vejez,
mis pasos cansados, tangos tristes,...
mi manera de contemplar la vida.

Corrías apresuradamente de un lado para otro,
pensando sólo en transformarte, en crecer,
aceleradamente, para ser viejo como yo.
En ese viaje de crecer para alcanzarme,
en una noche aciaga topaste con la muerte,
envejeciste de golpe, más que yo, me pasaste.

Miguel Oscar Menassa
De "Amores perdidos"

martes, 19 de agosto de 2014

HAY DÍAS COMO HOY

 
Hay días como hoy que no pasan nunca.
Son días como una espesa niebla
en la garganta, al borde del abismo.
Esos días de Freud frente a la angustia
de no poder saber, exactamente
hasta más adelante.
Esos días inolvidables de César Vallejo
enfrentando a la muerte con el crujir del pan.
Esos días de la triste cerveza
donde algún poeta pobre, mediocre o muy sentimental,
se dio cuenta que en el siglo que viene
nadie lo leería.
Esos días donde se rompe el alma
para que las palabras alcancen el poema y, también,
esos días donde el poema nos abandona,
definitivamente,
para inventar el alma.
Hay días como hoy que no pasan nunca.
Son días como en la guerra
cuando la mujer del enemigo me enamora.

Miguel Oscar Menassa
De "Al sur de Europa"

lunes, 18 de agosto de 2014

POEMA III


Allí donde la tierra desangra sus jóvenes claveles
 allí te espero.
 Entre la sangre y el lejano carmín del humo del cigarro.
 Entre las soledades
 estos viejos papeles manchados por tu risa
 -entrecortada al alba-
 y tus miserias como anchos y calurosos abrazos
 y las diademas sobre tus pechos abiertos en el mar.
Allí donde los dioses tejen el vuelo de los pájaros
 allí te espero.
 Blanca extranjera mía perdida entre el tumulto
 y el misterioso volar de las alondras en tu cuerpo
 alondras en tu cara, nada de pájaros cantores
 sólo tu sexo
 sólo el volar de las alondras
 -antiguo y silencioso-
 hacia el aroma de tu sexo.

Miguel Oscar Menassa
De "Yo pecador"

miércoles, 13 de agosto de 2014

DEDICATORIA


 Dedico este poema,
en general,
A Todos.
A Latino-América,
porque amo,
su futura explosión
A la famosa América del norte,
porque mi poesía, ...
canta también,
a todo lo que muere.
A la vieja Europa,
y también,
a la Europa segunda,
porque temo,
por el futuro en general,
del Hombre.
A mis amigos,
a mis bellas mujeres,
y a los sobrevivientes de cualquier matanza.
A los mugrientos,
en general
a los extranjeros,
a los que todavía,
no tienen,
lugar para vivir.
A los conquistadores,
a la famosa reina,
cristiana y masculina,
nuestra amada Isabel,
y a su Fernando,
amado,
su gran amor,
su cálculo perfecto,
y a cuanto delincuente,
haya pisado,
-sólo por el afán de la conquista-
nuestra pequeña y grande,
desorbitada América.

A las cálidas madres de mis hijos,
a todas las madres,
por haber soportado,
durante 5000 años,
la misma tarea.
A las mujeres del amor y de la rabia,
y digan lo que digan,
se lo dedico también a la mujer,
que tuvo,
la alegría,
para no morir.
La Pasionaria,
para quien,
cuarenta años,
de errores y ráfagas heladas,
no bastaron.
Y a Evita,

porque murió,
de un cáncer inmortal,
quiero decir,
de la ambición suprema,
comerse a sí misma.
A todos los malditos,
por una especie de amor,
por lo inútil,
de sus gritos al aire,
sin destino.
por las tremendas llagas
y los sublimes estallidos,
de sus infernales,
pobres locuras.
A mis amigos,
los únicos poetas de este siglo,
una especial dedicatoria,
Amigos,
NO VA MAS,
se trata
simplemente de escribir,
un verso más que ellos.
El Ultimo,
que diga,
así debe ser,
todo lo contrario.
Dedico este libro,
para desprenderme de ellos;
a los surrealistas,
y a su pálida sexualidad,
acontecida,
después de la guerra,
y rodeada,
de amados familiares,
porque la cuestión,
era,
no llegar al fondo.
En definitiva,
tocar
y partir.
Partan por los caminos,
idiotas,
nunca protejan,
su propio pan,
y amen,
con una especie de rabia,
mezcla,
de unos pocos demonios
y tontas drogas,
a la increíble puta,
la virgen loca.
Y con un dejo de paternal tristeza,
amen,
a Nadia,
la piojosa,
la sucia pordiosera.
Y vociferen,
por las dudas,
que tan poca mierda entre las flores,
no tenga,
su verdadero olor.
Reservo,
mis últimas dedicatorias,
para hablar de la muerte.
Yo fui Pichón Riviere,
nuestro amado,
el inventor de la locura grupal,
y pido,
al quedarme sin voz,
que no se diga nada.
Sepan,
no puedo responder.
Yo fui mis queridos muchachos,
los de los ojos desmesurados,
abiertos al futuro,
los de los grandes ojos ciegos,
LOS AMETRALLADOS,
y pedimos,
para no morir,
banderas,
millones de banderas,
y de la poesía,
todo su fuego eterno.
Yo fui los célebres muertos,
los que murieron,
sin nada que perder,
los desposeídos;
los del pan,
sólo en algunos y fugaces atardeceres,
y sin embargo,
de pocas palabras,
y por el miedo secular a la muerte,
seremos,
si todo va bien,
los Esclavos Modernos.
Y para nosotros
no pedimos clemencia.
Cadenas contra cadenas,
rozándonos infinitamente,
a causa,
de la gran cercanía entre los hermanos,
lo prometemos:
no detendremos la muerte,
pero el ruido,
será ensordecedor.
Fui la poesía muerta,
y desde entonces,
habitan con nosotros,
los mejores.
Para ellos,
el funeral último.
la cremación definitiva
y a volar,
porque ya escribimos:
que nuestras palabras inunden,
-con el sólo objetivo de inundar-
las poblaciones vecinas.
Que todo sirva,
no nos dejemos convencer,
porque si se trata de ser,
fuimos también,
la muerte de la muerte,
el tenebroso viaje por el submundo de los cementerios,
y entre las tumbas de los próceres,
fuimos,
el salvaje erotismo.
Las más pesadas lápidas y sus violentas inscripciones:
Aquí yace el cantor
y próxima a su tumba,
yace,
su enamorada,
y todo,
puede ser un ardid,
una negra maniobra.
Era el cantor de los cantores,
vivió,
cinco mil años.
Fui todo lo que murió,
con la gran bomba.
Los enjambres de sueños,
acribillados por las partículas,
-horrores de las metálicas transformaciones-
y la espléndida y portentosa
escupidera atómica.
La cagada final.

Soy por último,
y esta vez,
pido perdón por la violencia,
el muerto que habla.
Un milagro de la poesía.
Una feroz combinación,
de todo contra todo,
El Mutante,
el diabólico experimento de la locura,
contra el final atómico del siglo:
en una sola voz,
todas las palabras.
Y ahora puedo decir,
que a la bomba feroz,
y a sus consecuencias,
soy inmune.
Una especie de salvaje indomable,
bárbaro del estilo.
El imbatible,
bólido parlante.

Miguel Oscar Menassa
De "Canto a nosotros mismos también somos América"

martes, 12 de agosto de 2014

LIBERTAD DIVINO TESORO



 Soy un hombre de ciudad,
un hombre,
condenado a vivir entre las piedras.
Crecí entre el percal de los vestidos
y las babas de una señora inalcanzable,
la libertad.
Crecí sin vida interior,
en el pecho llevo un farol,
pequeña, simple luz y escribo versos.
En mi ciudad
cuando mueren algunos, alguien canta,
tenue luz,
murmura por las noches una tristeza,
un vendaval de furias,
repetición donde la muerte tiene su palabra.
De niño me dijeron que amáramos a Evita
y Evita estaba muerta
y yo la amé como se aman las sombras de la noche
y entre sus brazos y las sombras seríamos millones.
Un recuerdo:
fue muerto por la espalda, mi primo, Miguel Ángel,
como se mata a quien no se puede soportar la mirada.
Cuando murió Miguel, mi primo hermano, tuve un dolor,
una claridad definitiva y, sin embargo,
al otro día amanecí cantando.

Me fui quedando ciego,
de ver morir, de mirar matar,
de ver pasar a tanta gente indiferente.
En los ojos tenía gotas de sangre,
ardientes manchas de violencia en mis ojos.
Un odio, un amor, una lejanía sobre todo.

Bramidos ocres, quejidos de la bestia,
destrozados por la ilusión de ser,
por la ilusión de comerme las flores
y tus ojos
y las cosquillas en tus pies
y mis feroces mordiscos en tu sexo,
como si tu sexo fuera el fruto perdido del hombre
aquel limón, aquella manzana inolvidable.

La libertad se fue poniendo joyas,
piedras preciosas entre sus blancas sedas
y entre sus carnes, oro.
Se fue tornando inaccesible monstruo de la lejanía
y, entonces, fui creciendo entre las sombras
y entre las sombras amé la libertad:
fantasma acuático,
alondra muerta para siempre,
entre las pieles de vos,
señora lejana, perdida libertad.

Miguel Oscar Menassa
De "El amor existe y la libertad"

miércoles, 6 de agosto de 2014

HE COMENZADO LA MAÑANA


He comenzado la mañana
ágil y fresco
amante de las bondades naturales...
de los viejos poetas
Poniendo el oído en el vientre de mi amada.
Escuchando
toda la historia de la poesía moderna
hasta el canto del río
hasta el canto de los nuevos poetas.

No hay rincón oscuro en la mañana.
Sol alto Sol fuerte Sol abierto
no respeta el amor.
-En la mañana se debe tomar café con leche-
Nada de besos de terror.
Besos de amor en la cama de los grandes poetas.
Mi mujer canta, alegre y cantora en la mañana.
Ha gozado.
El gran sol pasa de largo. Inunda la habitación vecina.

Miguel Oscar Menassa
De "22 poemas y la máquina electrónica o cómo desesperar a los ejecutivos"

martes, 5 de agosto de 2014

ABIERTO, YO ESTABA ABIERTO Y TE LO DECÍA



 Abierto, yo estaba abierto y te lo decía.
sin precaución, sin extremos cuidados
te hablaba de mi ser, abierto naturalmente
como se habla del cielo o de la espuma.

Esas tardes de mares, de completos océanos
donde las grandes olas no hacían otra cosa
que estrellarse blandamente, caer sin fuerzas,...
enamoradas, frente al vacío abierto de mi voz.

Un día, caprichosa, te arrojaste en mi interior
y tiraste del fondo de mi piel, empecinada,
para cerrar al mundo, el vértigo, mi belleza.

Te enloqueció mi manera de resistir, riendo,
jugando con las olas, alborozadas por mi amor.
Te dejamos toda la piel para seguir abiertos.

Miguel Oscar Menassa
De "Al sur de Europa"

jueves, 31 de julio de 2014

SOY UN HOMBRE MODERNO



 Soy un hombre moderno.
Atado de pies y manos decido el vuelo.

Al principio me arrastraré
y con el tiempo
podré levantar un poco la cabeza.

Veré el cielo....
El infinito cosmos será
mis pequeñas cadenas y mis babas.

Al principio conseguiré comida
y me la robarán.
Después
aprenderé a cuidar la comida.
Otra cadena más
y así con el tiempo podré
cuidar mi dinero.

Otro eslabón se cierra y otro más
y tendré hijos y serán mis hijos
y tendré que conseguir
comida para ellos
y aprender a cuidarla.

Y mientras cuido la comida
y no dejo
que me arrebaten mi dinero
tendré que tener
educación para mis hijos
para que el infinito cosmos sea
sus pequeñas cadenas y sus babas.

Y también habré de conseguir un amor
como se consiguen puestos de trabajo
y cuidar ese amor con mi propia vida
y no es
un eslabón lo que se cierra sobre mí
sino
los propios tentáculos de la muerte.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo"

miércoles, 30 de julio de 2014

Querida: He sabido por tu madre...


He sabido por tu madre, que te gustaría que antes de fin de año rocemos las aristas del espanto.
Quiero decirte que la familia es un hecho concreto tal, que sin familia, es como una ciudad sin agua. Es imposible vivir sin ella, o se la lleva afuera o se la lleva adentro; quiero decir: ahora, para evitar términos tan sugerentes entre nosotros como adentro y afuera, que la familia está presente en nosotros como forma de modelo ideológico social o bien está consolidada como modelo ideológico inconsciente.
Seré, «Te lo prometo» antes del acontecimiento, entre nosotros, del verbo enamorado, el arrebato perfecto de una mirada. Tu madre enamorada, encandilada por tu belleza, enajenada de poder transformarte según su algarabía, en su falta, su hombre, su deseo o, peor todavía, su envidia, su desprecio, su lejanía.
Antes de fin de año, mi pequeña, quiero hacerle saber, que
ya no volveremos a estar los dos a solas. El tiempo, para entonces, habrá
partido nuestra razón de ser. Un pozo de silencio, el tiempo, entre
nosotros, mi deseo, arrancándola brutalmente de mis brazos,
empobrecidos ahora, por su ausencia. Aleja su mirada de mi mirada, empobrecida ahora por su lejanía y estrella tu mirada, querida, contra lo que no habrá en tu aurora, ni aún después de los grandes acontecimientos. Contra lo que no podrá ser tu forma, ni, aún después, de las más bellas poesías.
Mutilado porque mi cuerpo es otro que tu cuerpo, desprestigiado, incluso, para tu mirada detenida por el horror de mi ser, impotente de ser mi cuerpo y mi palabra, mi forma y mi sentido. Tu mirada helada, en un rincón del alma, para siempre.
Por el horror de mi ser, impotente de ser, exactamente, tu imagen deshilachada en el espejo negro de la muerte. En el espejo muerto del negro silencio. En el silencio muerto y negro en el espejo. En el silencioso espejismo negro de la muerte, donde tus caderas comienzan a bailar al ritmo de macumba.
Negra de magia, abierta, silenciosa, al sonido espectral de los tambores, delicada y altiva, como una rosa entreabierta puesta en su lugar. Insolente, enamorada de ti misma y, todavía, antes de desear, te abrazas a la muerte para no morir nunca ¡CONDENADA! Tu silencio es negro. Tu silencio es la señal que te quedó en el cuerpo de aquel abrazo con la muerte, para no morir nunca, para nunca desear, para nunca ser otra que tu voz.
Y no queriendo llegar muy lejos o, por el contrario, quiero decirte, que ponerte a llorar, enfermarte gravemente o enamorarte de algún desconocido, no te servirá de mucho, a menos que puedas entender, que tus resistencias, cuando lo nuestro se trata, simplemente, de una conversación, siempre son exageradas.
Recuerdo que la primera vez que me animé a decirte, rodeado de precauciones, que era bonito conversar contigo, te pusiste a llorar al estilo de las lloronas sicilianas, interrumpiste el encuentro antes de tiempo e intentando pegarme con la cartera en la cabeza (golpe que esquivé con un paso atrás y un directo a la mandíbula) me dijiste con rabia: Usted es un desgraciado.
Al otro día volviste encandilada por la posibilidad de poder sentir y expresar esos sentimientos.
Mientras te desnudabas, pedías perdón por lo del día anterior y tus manos al borde del silencio me dijiste: Usted es un hijo de puta. No sé por qué se lo digo, pero me hace bien que sufra, sépalo. Soy la peor de todas, tengo sarna. Voy por la vida enarbolando mi fracaso, su fracaso, doctor, ¿se da cuenta? Conmigo no puede nadie. Yo soy la flema ardiente del deseo y no sigo adelante porque tengo miedo que usted me aumente los honorarios.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista", 1987

viernes, 25 de julio de 2014

EL PRIMER DIA DE PRIMAVERA EN LA MAÑANA


El primer día de primavera en la mañana
hincábamos nuestras rodillas en la arena ...
y nos despedíamos para siempre
de aquellos
que habían muerto en el invierno.

Faride, la abuela
tomando a los más pequeños de la mano
mostraba el mar y les decía:
el mar está maldito,
mata a nuestros hombres por placer
su perversidad no tiene límites.
El llano nos espera.
Nuestro porvenir
la guerra
contra el llano.
Dominaremos la pradera.
Todo era difícil sin violencia
Faride empecinada
quería que los elegantes hombres del llano
casaran con nuestras mujeres.
Todo era difícil
cuando con lo único que contábamos
era con el amor.
Faride empecinada
montada en un caballo blanco
como la nieve de los Alpes,
abrió sus brazos hacia el cielo
estrelló su mirada contra el enemigo
y ordenó avanzar.
Avancemos
hijas
todo está perdido.

Miguel Oscar Menassa
De "Yo pecador", 1975

jueves, 24 de julio de 2014

Amor Perdido. Buenos Aires -VII


Tengo destinos y tengo soledades,
el tiempo, las caricias de la noche,
el habla, la sonrisa de los tiempos,
el silencio de la noche, los sueños,
melancólica serenata a los muertos.


A mi padre, enloquecido de amor solitario,
sin nada grande que dejar, a nadie grande,
porque todo lo grande estaba en su niñez.

A las orquestas serenas de la tarde,
ese bandoneón tocado solo por mí,
al mediodía, bajo el sol de Pompeya,
arrabalero compás, tango inolvidable.

Por eso siempre pienso en volver y,
la lejanía, es cada vez, más lejanía.
Nadie vuelve de su propia vuelta,
nadie retorna de su propio retorno,
nadie muere, exactamente, en vano.

Mañana volveré y eso no ocurrió nunca.

Dejamos de llegar y eso fue para siempre.

Miguel Oscar Menassa
De "Amores perdidos", 1995

lunes, 21 de julio de 2014

CUANDO ERA UN NIÑO


 Cuando era un niño amaba la noche.
Era de noche cuando soñaba cabalgar
en yeguas doradas espléndidas praderas.

Era de noche cuando mi padre y yo
hablábamos del miedo y el respeto
que le teníamos a la muerte.

 Cuando mi padre y yo
nos encontrábamos
la noche no era el silencio.

Él me decía tranquilo
y sin ninguna esperanza
que yo entendiera:
La gente en general
tiene miedo de todo
yo sólo tengo miedo
de la muerte.

Ni el frío ni el hambre
ni ningún sacrificio
me dan miedo.
Ni la maldad ni el odio ni la envidia
sólo su incalculable presencia oscura
me hace temblar.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000

viernes, 18 de julio de 2014

AMOR PERDIDO. BUENOS AIRES - VI


Viajar, hablar, deseos fuertes de la infancia,
rubicunda voz, en el propio centro de las células,...
fiera descarrilada, definitivamente, me humanizo.


Cuando desconfío, rastreo mi propio rastro.
Hay un animal en mí, que vuelve siempre.
Una voz que de noche nunca se detiene,
me lleva de la mano contra las montañas,
contra los pequeños, búhos del terror.

Busco una palabra plena para el corazón de la bestia feroz.
Ajada cruz, sobre los hombros del que no se anima a vivir.

Rompo contra mi propio cuerpo el ábaco, dejo de contar.
Me sumerjo en una ansia frenética por vivir, amar, hablar,
seguir, aunque nadie lo quiera, descarrilando mi destino.

Miguel Oscar Menassa
De "Amores perdidos", 1995

martes, 15 de julio de 2014

La verdad no asecha por ningún lado, será necesario construirla

29 de octubre de 1976, Madrid.

 La verdad no asecha por ningún lado, será necesario construirla.

Vengo de la loca llanura
donde mi alma
tuvo que practicar el vuelo de los pájaros,
para sobrevivir.

Vengo de la tibieza de su aliento en la nieve. ...
Soy,
el último deshielo,
la última primavera sobre el mundo.

Venimos del sur,
somos los mejores,
alondras acostumbradas al hambre y al frío,
a las bajas pasiones,
al tiempo que nos queda por vivir,
tiempo de primavera.

Miguel Oscar Menassa
De "Salto mortal", 1977

sábado, 12 de julio de 2014

Querida: El impacto...


El impacto que te produjeron mis primeras cartas, me hizo dudar acerca de seguir escribiendo de nuestra apasionante aventura, por temor a dañar tu sensibilidad, tu orgullo.
Tu silencio es aún más hondo, tu disociación más extrema.
Tratando de ayudarte te diré, que las últimas veces hablamos del dinero, de la relación entre el dinero y tu cuerpo, y eso, siempre te perturba de alguna manera espectacular.
Tú hubieses preferido que fuese todo por amor.
Si hubiese sido todo por amor, mi pequeña, ahora no habría ninguna necesidad de separarnos. Pero quiero recordarle, querida, que usted llegó hasta mí para volar y no para morir, como a veces parece que usted quisiera, pequeña, y muerta de miedo entre mis piernas.
«No me deje, doctor, espere un tiempo más, todavía no pude
ni escribirle un poema a mi madre. Yo vine a usted, es cierto, porque quería ser como las grandes escritoras que no temen, a nada. Esas escritoras que no mueren en la guerra, esas escritoras que no sucumben frente a ningún amor, esas que se ponen a llorar, sólo, en presencia de un poema bien escrito. No me deje, doctor, justo ahora, que había comprendido que usted no era el bramido del viento, llamándome a la muerte, ni la superficie helada de los vientos donde, al anochecer, plasmaba mi locura.»
No dije que se fuera, sólo que el tiempo se abre camino entre nosotros.
«Sí, el tiempo, doctor, claro... nuestro adiós, la propia muerte de nuestras cosas, doctor, nosotros y el tiempo.»

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista", 1991

miércoles, 9 de julio de 2014

VEO ABRIRSE FUTURO EN TUS ENTRAÑAS


Veo abrirse futuro en tus entrañas,
 veo inflamarse mi corazón de dicha.
 Ataco sin piedad mis versos anteriores
 y escupo la cara del oro y la miseria.

Soy el loco Siglo Veinte, estoy espantado de mí.
 Hago el amor y contraigo enfermedades incurables.
 Trabajo con ahínco y deseos para ser explotado.
 Escribo bellos versos para metérmelos en el culo.

Todo está calculado para mí, menos mi ansia.
 Todo está computado para mí, menos mi deseo.
 Todo está ordenado para mí, menos mi hambre.

Cuando escribo se rompen los relojes
 y ese futuro abierto en mis entrañas,
 se libera, se hace carne en el mundo.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista", 1987

martes, 1 de julio de 2014

Querida: Lo comprendo...

 
Lo comprendo, pequeña, en medio de tanta luz, nadie será capaz de mendigar para velas.
Una vuelta a las más recónditas galerías del recuerdo
  Todo lo que no pudo ser debido a las grandes cataratas del olvido. Aquellas olas, esas vertientes que de iluminarse hubieran sido todo el universo.

Cielos envueltos en dioses alterados por el amor, perfectos cielos cósmicos adulterados por el bien.
Bestias inmaculadas, alaridos del perdido tiempo del amor.
Empecinados, tercos galopes enardecidos de calor y miedo.
Volteretas inquietas, aves de rapiña violadas por la fe.
Viajes perfilándose hacia el futuro, pequeños náufragos.
Ennegrecido pasaje voluptuoso tu cuerpo enceguecido.
Tu cuerpo, esa tierra abierta, sin más, al universo.
Tu planicie de paz en medio, exacto, de tus pechos.
Y el ajetreo violento de tu vientre, abandonándose.
Y soy por último, querida, para despedirme hasta la próxima, un blanco corcel enamorado, de la llanura que recorre con su canto. Un águila que se enamora del viento que, su ferocidad, parte en dos cuando vuela.
      
Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista", 1991