viernes, 21 de enero de 2011

LA MÁQUINA ELECTRÓNICA


Hubo un tiempo, mi padre, humilde ciudadano de una ciudad, creo del Oriente, me habla de él. Se llamaba el tiempo del fácil volar. Cada hombre, cada mujer, cada niño tenía su alfombra propia.

Los hombres, una alfombra azul; las mujeres, una alfombra rosa, los niños una alfombra pequeña. En aquel tiempo -según siempre me cuenta mi padre- no existían los ejecutivos. Después, dice mi padre, los hombres fueron poseídos por el demonio y fue así como el mundo conoció la confusión: los niños querían tener la alfombra rosa, las mujeres la alfombra azul y los hombres dos alfombras.

Dios se enojó mucho al ver a sus queridos hijos en tremenda confusión y una tarde, una tarde de verano, dice mi padre, quemó todas las alfombras menos una, como se hace actualmente con las banderas.

A partir de esa tarde, solamente Dios pudo volar y para los hombres vinieron, sucesivamente, las épocas de los caballos propios, de las mujeres propias, de las casas propias, de las fábricas propias.

Pero en estas épocas no ocurría lo mismo que con las alfombras, porque no había ni tantas casas, mujeres, caballos o fábricas, como para que cada uno tuviera la propia. Fue entonces cuando David, sí, el rey David, el sabio, el omnipotente David (su madre le llamaba divanlito) inventó los alquileres. Mucho tiempo después, los alquileres aumentaron. Pero antes de esto, sí, aunque parezca mentira, en la época de los esclavos negros (porque después vino la época de los esclavos blancos), Espartaco, un esclavo mestizo, cansado, pobre, de matar con sus manos un par de leones diarios, inventó una máquina, sí, una máquina que, mientras él leía el selecciones, ella mataba a los leones. Claro que, lo que había inventado Espartaco, no era verdaderamente lo que se dice una máquina electrónica. Pero, si queremos entender esta historia debemos dividir el tiempo en dos, de esta única manera: el tiempo antes de Espartaco, el tiempo después de Espartaco o de las máquinas electrónicas.

Fue después de Espartaco, que cada hombre, cada mujer quiso tener su máquina propia, los niños una máquina pequeña cada uno.

Los estudiosos de la época inventaron varias ciencias y millones de nuevas palabras para explicar el proceso, y fue así como nació el psicoanálisis.

Y así fue como algunos ciudadanos rusos (aquellos que trabajaban más rápido que sus compañeros y gozaban de los beneficios del trabajo incentivado) compraron su máquina y le enseñaron a jugar al ajedrez que, en definitiva, es un juego moral.

Y así fue como algunos ciudadanos norteamericanos (aquellos que habían nacido sin siquiera un octavo de sangre negra- caliente o humana- en sus venas; y que gozaban por lo tanto de los beneficios que todos los hijos de la tribu del gran masturbador primer rey blanquísimo, gozaban) compraron su máquina y le enseñaron a jugar al ajedrez que, en definitiva, es un juego moral. Y así fue como nació la coexistencia pacífica. A todo esto, nadie puede explicarse el por qué, los ciudadanos chinos comenzaron a fabricar alfombras.

A este punto del relato, mi padre comienza a llorar desesperadamente.

Porque hubo en el principio, dice mi padre, Espartaco y su máquina, pero hubo después otros hombres, otras mujeres, en definitiva otras máquinas.

En un principio cada cual por su cuenta, después se formaron equipos. Estos equipos crecieron y se multiplicaron y llegaron a Estados Unidos, donde un judío adinerado compró todos los equipos del mundo, menos uno -que quedó en poder de los franceses- e hizo que todos los equipos trabajaran para él, e inventó el capitalismo, pero "como el dinero que se gana sin el sudor de la frente no sirve para nada" (estas últimas palabras son de mi padre, que no sé por qué motivo él se las atribuye a Jesucristo; otro judío más, inexplicablemente), el pobre judío norteamericano enloqueció de tanto dinero y de tanto dinero y se acostó con su madre. Historia a la cual el psicoanálisis, que ya se había inventado mucho tiempo antes, designó con el nombre de "complejo de Edipo", pero esto en realidad no solucionó nada porque cada tribu tenía su complejo de Edipo propio o por lo menos su explicación propia, que en ningún caso era igual a la de otra tribu. Por ejemplo, la tribu de los descendientes de David (el inventor de los alquileres) decía que el complejo de Edipo era tener una mujer y alquilarse otra. La tribu de los descendientes de Espartaco (el inventor de la máquina) decía que una máquina siempre es una máquina y que no vale la pena ser acomplejado.

Y todo fue así hasta el descubrimiento de América del Sur, y fue entonces cuando se inventaron los países subdesarrollados, los sueldos subdesarrollados, los ejecutivos subdesarrollados. A tal punto, los franceses, que por algo deben de tener su fama, comenzaron a preparar gente para colonizar estas tierras de Dios, que en verdad no eran ni de Dios ni de nadie. Pero a tal punto, el pobre, loco, judío norteamericano había enloquecido que, cuando llegaron los franceses, él ya era el dueño de todas las Américas del Sur y de todas las Américas Centrales, menos una.

Pero los franceses, que por algo deben tener su fama, plantearon la situación a sus poetas; éstos, que entendieron mal las cosas, creyeron que debían destruir todo lo existente y crearon el surrealismo. Después del surrealismo, vino el amor y un ministro de relaciones públicas, francés, enamoró a la hijahermana del judío norteamericano y casó con ella.

Los franceses tenían todavía en su poder la única máquina que no consiguió comprar el ya muerto pobre loco judío norteamericano. Bañáronla con semen de caballos árabes ganados en la última guerra y la máquina tuvo cría como la chancha de tu tía, y los franceses se dispusieron a conquistar las Américas.

Y máquina va, máquina viene, los franceses se capitalizan e inventan la "Ricerca di Mercato".

Los italianos, que ya tenían 17 guerras perdidas y estaban sufriendo una terrible enfermedad llamada de la conversión (los marxistas se volvían católicos y los católicos marxistas), inventaron la palabra CORNUDO.

"Andando y andando, Usted la irá pagando" se vendieron muchas máquinas y volvieron a tomar cuerpo los antiguos equipos, que crecieron y se multiplicaron a su vez, y los franceses (que no por nada inventaron la guillotina) cruzaron todo el mar de las Indias y llegaron a Buenos Aires, descubierta por los bolivianos en el 1.222 y que bautizaron de esa manera en honor de un patriarca árabe, amigo de mi padre. Aire en árabe significa pene, y buenos significa Isabel la Católica, que no era ni siquiera católica, ya que Colón pudo seducirla con su todavía no famoso huevo, y la reina ni corta ni larga, le tendió una mano, y juntos descubrieron y conquistaron Alemania. Pero todo esto había pasado hace mucho tiempo y los habitantes de Buenos Aires ya no lo recordaban y los franceses, por supuesto, nada sabían de esto, porque para ellos, el descubridor de Buenos Aires, había sido el ejecutivo italiano Nerón (tío de mi mujer residente en Milán). Pero todo esto, vuelvo a repetir, es historia vieja, lo importante es que los franceses llegaron a Buenos Aires con sus máquinas.

Miguel Oscar Menassa
De "22 poemas y la máquina electrónica o como desesperar a los ejecutivos", 1966


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