domingo, 10 de marzo de 2013


SOLO UNA VEZ ES NECESARIO

Vacío la espera, abro la espera,
silencio tu silencio.

Amo
entre los pastos que crecen bajo el sol,
tu terquedad,
tu sórdida ceguera,
tu verdad:

Un cuerpo siempre alborotado,
recorrido por innombrables historias.
Un tajo en el cuerpo del futuro del hombre.

Sin sentido feroz,
una ausencia.

Miguel Oscar Menassa
De "El amor existe y la libertad", 1984

viernes, 8 de marzo de 2013

Yo querida Te amo, te amo, pero...



Hay algo sórdido entre los pliegues de un corazón rendido.
Hay algo oscuro, de morir, en el amar.
Yo te amo, te amo, pero el alma se vacía de goce.
Yo te amo, te amo, pero el goce se vacía de alma.
Es como cuando por decir escribo un verso.
Le pido nada a nadie y, sin embargo,
hay hombres y pronombres,
hay cosas, la vida, que se pierden.

Es como cuando por las noches mirando las estrellas,
me pregunto: ¿Qué habrá en nosotros de esos soles lejanos?
¿qué habrá, en nosotros, de esa vida?
¿qué vida llevarán, en ellos, de nosotros?
Y, ahí, soy recorrido por un fulgor,
algo de cielo, algo de soles, algo de lejanía.

Yo te amo, te amo, pero en un pozo negro de vergüenza.
Yo te amo, te amo, pero en un pozo negro de soledad.
Un pozo negro donde la muerte todo lo fragmenta.
Yo te amo, te amo, pero te amo en pedazos,
en hilachas, en sobresaltados fantasmas de la noche.
Tus ojos, tu mirada, querida, son aquel color,
tu rabia por gozar, tu desesperación, aquellos suspiros.

Yo te amo, te amo, pero me pierdo en mí,
soy un náufrago de mi propia ternura,
un ser que se quiebra antes de ser.
Yo te amo, te amo, pero...

Miguel Oscar Menassa
De Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista, 1987

miércoles, 6 de marzo de 2013

Monólogo entre la vaca y el moribundo -XXI-


-Todo ha cambiado, vaca, han aparecido situaciones que me llevan a pensar de nuevo todo lo pensado. Desde hace unas semanas comenzó a surgir la posibilidad de que el psicoanalista venga a trabajar a la casa del poeta.
Con lo cual, la casa del poeta sería compartida en un alto porcentaje con la casa del psicoanalista.
La vaca, preocupada, consultó a todos los jefes del Cero y a los viejos amigos, y a todos les pareció una idea sensacional.
Sin prestar atención a las dudas de la vaca, estoy radiante de alegría. La huella comienza a ser trazada. La huella tiene que ver conmigo, es mi propio destino que hace la huella.
Han pasado apenas unos días y ya está todo cambiado, han aparecido las primeras flores y todo se transformó en la casa del psicoanalista, se consiguió el gas y la luz en apenas dos días y en la casa no habrá cama.
Desde que él ocupó la casa, todo progresa. Ya empiezan a aparecer verdaderos aliados del cambio, ayer mismo, sabiendo que a partir de ahora él será el dueño de la situación, me regalaron los accesorios del baño pequeño y un botiquín todo de espejos para el baño grande.
Que él fuera tan querido, me hizo pensar que como poeta soy un solitario, alguien que cree que se lo darán todo por sus ojos bonitos, por sus bonitos versos.
-Mhuhuhuhuhuhuhuhuhu, expresó la vaca con sentimiento.
Ayer vino el doctor Menassa y me dijo:
-Todo esto está sucio.
Y hoy, ya hay una muchacha limpiando el gran balcón, mientras escribo estas líneas. Me siento mirado por la mujer que barre sin pasión el balcón donde las flores han comenzado a mostrarse de manera valiente, es decir, primaveral.
Hoy no tengo frío, eso ha de dar sus frutos.
Lo que siento todo el tiempo, cómo se las arreglará con el dinero, si quiere hacerlo todo lujoso y para muchos años. Yo no sé de dónde este hombre saca el dinero, a veces, me lo imagino todo el día trabajando.
-Aquí estoy, dice el macho, vengo a poner el orden necesario para crecer, para que tus versos, miserable, alcancen todos los mares, todas las ciudades.
A mí, que soy el poeta, el miserable, me conmueve que alguien piense tan intensamente en mí.
Me halaga esa voluntad a favor de mis versos, pero de cualquier manera sigo pensando que puedo seguir escribiendo varios versos por día sin tanto lío de dinero y tanta represión de los halagos de la propia vida que, como sabemos, son muchos halagos, pero todos tienen que ver con el sexo.
Yo, de cualquier manera, acato los mandatos del jefe y el jefe es el psicoanalista, él es el que paga la experiencia.
Así que si él dice que la próxima década dirige él, yo no tengo nada que decir, pero junto a la vaca recordamos fases:
“El psicoanálisis, tarde o temprano, ha de recurrir a la poesía; para la poesía no fue necesario.”
De cualquier manera, no se trata de no escribir por diez años. El jefe es un razonador y no se le escaparía un detalle así.
Escribir, puedo escribir todo lo que quiera o pueda, el problema es que no tengo que tener ideas por diez años, durante este período que viene, él es el único que puede tener ideas.
La vaca me consuela diciéndome que él, también, será el único responsable de lo que pase estos diez años.
Yo me pregunto de dónde sacará tantas ideas para mantener en soledad un gran movimiento. Y él me responde, sin haberme escuchado, que no se trata de ningún movimiento, sino que se trata de una Escuela de Psicoanálisis.
Él se pone muy serio cuando dice esto último, pero yo me lo sigo imaginando en esa soledad y me pregunto sin entender ¿para qué? ¿por qué tanta soledad?
El doctor, mirándose las manos y luego mirándome a los ojos, me dijo:
-Primero, poeta, yo también soy escritor y si a un escritor le piden que ocupe la función de Director de una Escuela de Psicoanálisis, es sólo para que su estilo impregne los fenómenos de transmisión. Y para que el estilo que conllevo se ponga ahí, es absolutamente necesario que yo mismo cometa todos los errores y todos los hallazgos de la escenografía.
El tipo algo había pensado del asunto, así que preferí callar, al fin y al cabo, la vez que me sentí más halagado como poeta fue cuando la poeta Concepción Silva Belinzón dijo de mí: “Menassa escribe con palabras, no con ideas”. Así que no dije nada pero pensé que el jefe se equivocaba de comienzo con eso de las ideas, mas yo no era, precisamente, quien habría de oponerme a su mandato.
Pero no dije nada, él también era joven y tenía que ir haciendo su propia experiencia.
La vaca estaba en silencio profundo.
Yo me puse a escribir un poema.
Él sacó sus horarios de trabajo y me dijo:
-Completo poeta, hoy tengo el día completo, de la mañana a la noche produciendo bienes. La poesía es inefable –dejó caer, por las dudas yo hubiera pensado que era un boludo.
Al fin y al cabo, yo no sabía cómo decirlo, pero en verdad, me venía bien un jefe así. Alguien que creyera en algo, alguien que tuviera deseos de enseñarle algo a la humanidad o bien a una persona, a mí, por ejemplo; ese me gustaba como jefe y el doctor, como si me escuchara pensar, tenía la frase entre sus dientes:
-Después de mí, ningún poeta morirá de pobreza.
Y entonces yo me digo, por unos ideales tan grandes y magníficos, hasta podría dejar de escribir si fuera necesario.
Él repitió con entonación y fuerza:
-Después de mí, ningún poeta, usted tampoco, morirá de pobreza.
La vaca me abrazó con ternura contenida y yo me dejé estar y recordé grandes océanos donde todo era movimiento y el único deseo claro que tuve fue dejarme estar en los brazos de la vaca, mientras el doctor comenzaba su arduo día de trabajo.

Miguel Oscar Menassa
De “Monólogo entre la vaca y el moribundo”, 2001

lunes, 4 de marzo de 2013

LA MUJER Y YO



11
Poco a poco fui creyendo todo lo que veía,
al tiempo ya no podía distinguir lo que veía
de la realidad, pero tampoco de los sueños.

Era de aquí, de allá, de donde fuera,
hubo noches que hacía la vida con pasión
y hubo días enteros donde sólo podía soñar.

Hacía el amor o el desamor a cada instante
y, cuando nadie me miraba, era ciega.

Hay en ella cuando se trata de mí
cosas que se repiten inalterables
su manera de besarme la boca
cuando canto alegre mis poemas.

Después, también, es cierto,
ella vuela conmigo haciendo giros
que en el aire simulan una danza
y después, cuando caemos juntos,
nos reímos del amor en primavera
y ella gira en la tierra como en el aire
y muta y es cambiante y olvida.
Es capaz de dar la cara al universo y,
al mismo tiempo, dar la espalda al mundo.

Cuando me besa siempre igual,
de la misma manera siempre,
es para sostener
el reinado de sus besos
en mis palabras.

Después es divertida,
se ríe con los chistes,
ama las sedas y el carmín
y puede ser virtuosa
y ama de aquí y de allí
en varias lenguas y en silencio
y quiere educar a todo el mundo
y prefiere que las mujeres
se amen entre sí
y llora y nieva sobre el alba
y goza, ligera, sin posarse siquiera.
Pero cuando dice adiós
se cierra el corazón de la noche
cruje la montaña sensible al dolor
y mujeres y dioses enamorados
piden que no lo haga.

Mas ella, ya estuvo arrepentida,
ahora
lo único que quiere del amor
es la libertad,
por eso cuando dice adiós,
aunque nos ame, es para no volver.

Adiós, amado,
y es como cuando la muerte
se desata solemne y despiadada
sobre los amantes en silencio.
Adiós, amado,
y en esta desesperación
que me aleja para siempre de ti,
te amo hasta el delirio de sentirme
la reina de tu boca en cada verso.

Miguel Oscar Menassa
De "La mujer y yo, 2003

IX

Yo soy,
para que ustedes sepan definitivamente,
uno de los extraños casos del hombre
y la bestia.
Paso mis días girando locamente
entre las pieles femeninas y los olores de mi infancia.
Amo sin fe
las tardes donde el sol apacigua mis transformaciones.
Como un sereno amante
amo de mí,
los miserables territorios donde mi ser se arrastra
como lejana y tímida babosa,
pidiendo un día más,
un hálito de goce o de dolor.

Cuando la bestia se apodera de mí
-sopla mi corazón o muerde ferozmente mis sentidos-
todo es azul y generoso como la leche del verano.

Arduo es el oficio de la convivencia.

Mi pobre hombre ama la muerte y la locura.
Su destino es morir y sin embargo,
tiene en su corazón el recuerdo de las viejas pasiones.

Sigilosa
sumergida entre los desperdicios y la sangre
-con la crueldad que da el silencio-
La bestia ama la soledad.
La bestia no se rinde.
espera las catástrofes.

Miguel Oscar Menassa
De "Salto mortal", 1977

viernes, 1 de marzo de 2013

FRESCAS MAGNOLIAS



Frescas magnolias recuerdan el mar
mar antiguo donde besé una tarde
las frescas entrañas de la muerte.
Después
fui una pequeña planta marina
haciendo gala de su crecimiento.
Crecía
entre la soledad de ásperas rocas
y solitarios peces hambrientos.
Peces hambrientos
enloquecidos por la soledad.
Estoy lejos de todos
y no quiero volver.
Soledad altura y soledad.
Las esencias no existen
pero su cuerpo sí.

lunes, 25 de febrero de 2013

FUIMOS PERDIENDO


Fuimos perdiendo en el camino 
nuestro deseo de liberarnos. 
Entre las cadenas
el goce de la carne era bestial.

El microscopio
contra nosotros mismos
y nos reíamos como locos
y comenzamos a torturarnos
para arrancarnos la verdad.

Ven cuéntame todo y, así,
nos hundíamos en las sombras.
Con vivir un instante alcanzaba
el resto de la vida era contarla.

Y los que no podían
mantener sus ojos cerrados
se arrancaban los ojos
sólo para no ver.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000