jueves, 5 de mayo de 2011

Aforismos y decires

389_ Impuestos saneados no quiere decir exactamente que el contribuyente ponga más dinero, sino que quiere decir, simplemente, una sana distribución de lo recaudado.

390_ El impuesto, en tanto es dinero del pueblo, tiene que estar distribuido entre las necesidades básicas de un pueblo: salud, educación, cultura. Y, si no queda más remedio, pero en un porcentaje mínimo, algo para defensa nacional, ya que no vale la pena gastar mucho dinero en algo que, de cualquier manera, no nos servirá de nada en caso de que alguna de las grandes potencias nos declare la guerra.

Miguel Oscar Menassa
De "Aforismos y decires [15958-2008]", 2008

martes, 3 de mayo de 2011

TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA O CON LA MUERTE -III-

Cuando vuelvas por el camino de la tierra
no detendrás tu mano ni ninguna palabra
me recordarás simplemente tendido y esperando
que el viento y la lluvia
mojen o enfríen
ay, tu quieto, tu terco corazón.

No volverás florida
ni empecinadamente revueltos los vestidos
ni nada de alegría
en tu cuerpo de haber estado antes en la ciudad
y antes todavía en el campo.

Mi amada, en esta realidad puñados de oro
saltan y golpean para que el río vuelva.
la soledad no vuelve o no es la misma.

El río no vuelve.

El amor puede quedarse dormido entre las sábanas
o las escaleras del puerto
donde los rufianes con sus amigas y los pescadores
lentamente silban su dolor
porque no viene nadie.

Amada, aquí no hay río que humedezca y alegre tu piel.
Aquí la soledad.

Miguel Oscar Menassa
De "La ciudad se cansa", 1963

lunes, 2 de mayo de 2011

TODOS LOS CUENTOS TERMINAN CON LA VIDA O CON LA MUERTE -II-

El musgo crecía en las piedras
de la orilla del río de tu pueblo
y el deseo en tu corazón.

Tus piernas te acercaban a la seriedad
y en las tardes de silencio y excitación al río.
Las primeras aguas en llegar a las piedras
también llegaban a tus muslos desnudos
humedeciendo y alegrando
tus maneras del ocio y la ternura.

Las pensiones de la ciudad no son el río
Las mujeres se duermen y se levantan solas
y cuentan o cantan su soledad a la noche
y a los carteles luminosos.
Amada, aquí no hay río que humedezca y alegre tu piel
Aquí en la soledad y el tiempo del invierno
el humo y el olor de los hombres
cubre y desgarra las pieles de las niñas.

Y tú mi amada casi nunca demasiado estupenda y ágil
cubierta y desgarrada por mí
en el comienzo de las frutillas y el verano
no puedes entenderlo.
Entonces mi querido me ahoga tu calor
el poderoso cielo de tus caminos interminables
me ahoga el vagabundo
que nos perteneció de rabia y júbilo en la ciudad
el mismo que gime o ruge cuando se queda solo.

Miguel Oscar Menassa
De "La ciudad se cansa", 1963

jueves, 28 de abril de 2011

PARA QUE ALGO NAZCA, ALGO TIENE DE DEJAR DE VIVIR O LA NUEVA LEY DE EXTRANJERÍA

Ahora a crecer, que quiere decir:
entrenarse con voluntad fecunda
para poder dentro de unos años
saber vivir, amar en otro mundo.

Ahora a crecer,
a desviar nuestros principios,
a encarcelar nuestras pasiones,
hacerlas llevaderas y si un día,
siento una pulsación extraña
que al liberarme me condena,
diré que no, mil veces no.

Ahora a crecer,
a comprender el valor del dinero.
El dinero puede, cuando quiere,
de un solo golpe,
aniquilar toda virtud,
preñar la nada,
embellecer con flores el desierto
y hacer del hombre y de la piedra
dos amantes perfectos.

Ahora a crecer,
a dejarse llevar por el contrato.
Conocer a fondo nuestros sentimientos
para abandonarlos.

No poner nunca de excusa,
en el trabajo, un amor,
porque me quitarán el amor
y no me darán ningún dinero.

Ahora a crecer,
que quiere decir ahora a descansar.
No me fue posible encontrar nada en ningún sitio
ni amores, ni ventajas, ni pan, ni soledad
por eso me condeno a escribir un poema.

Un poema de un hombre
que ya lo tuvo todo
y desea soñar.
Un poema de un hombre
que sueña todo el día
pero no puede amar.
O la historia de un hombre
que trabajando duro 20 años
pudo al fin veranear.
O aquel hombre que amaba
sólo a su madre y que tuvo
un trágico accidente en el mar.

Hombres valientes,
hombres de acero firme,
combatientes,
en las calles de la ciudad,
todos contra todos.

Yo soy un hombre
y escribo con violencia.
A veces termino sabiendo
cosas que nunca viví.
Otras, me doy cuenta, vivo vidas
que nunca imaginé.

Soy elegante y voy vestido de palabras,
al mismo tiempo deseo y me desean
y eso me da coraje para seguir en el poema.
Me hacen sentir que escribo para el mundo.

Digo violeta, pongo violeta aquí
y el horizonte se tiñe de violencia.
Digo violencia, pongo violencia aquí
y un hombre arranca sus genitales
y los ofrece a Dios.

O bien, una mujer le dice al hombre,
¡mátame! por favor,
y él la mata con cierto nerviosismo
y la mujer, complacida,
goza mientras se muere.
Al hombre
lo meten en la cárcel 30 años
y cuando lo liberan
una luz lo enceguece
y muere atropellado y ciego
por un niño andando en bicicleta.

Un hombre, una mujer chocan en la vida
y se llevan por delante como bestias
y se sonríen, cálidamente y se abrazan
antes de caer.
Ese abrazarse, mutuamente, los salva.

Después sus vidas se llenan de papeles,
papeles de nacer, de haber nacido
en un país, un pueblo.
Papeles que confirmen
que padre y madre hicieron el amor.
Papeles que me digan
que soy un hombre aquí.

Aquí, en este papel, se dice claramente
que este hombre que soy
nació de humanos seres
y el papel asegura,
con la fuerza de la palabra escrita,
que en el momento de la foto,
este hombre que soy, estaba vivo.

Vengan a mí, que tengo para daros nada.
Nada de nada tiene el extranjero, nada
y, sin embargo, tiene un verso en los ojos:

Rueda la vida, rueda y, también, se detiene.

Aquí están, mi vida, mis hijos, mi dinero
mi trabajo futuro, todos mis amores.
Al menos dadme un papel que diga:
El extranjero Juan no tiene nada,
todo lo dio por un papel.

No tengo nada, ni dignidad me queda,
al menos un papel que diga que he vivido.

Éste fue Juan, nació de padre y madre
fue, exactamente, un hombre
pero vivía como un perro, sin amor y sin dueño.
Al morir, también, le fracasaron los papeles
y nadie se dio cuenta de su muerte.
”No estaba”, “no venía”, “lo habrían contratado”
pero nadie podía pensar que había muerto.

Papeles, dadme papeles,
soy la mujer del valle donde la radiación
se comía, vorazmente, a los pájaros,
tengo en mi cuerpo marcas de la explosión.
Los salvajes carros de la guerra al alba
atravesaron nuestro cuerpo.
Ni alma nos dejaron.

Fuimos quemadas vivas y, sin embargo,
en mi cuerpo aún brilla,
la caricia del amado al partir.
Tengo los labios rotos por la sal de la vida
y, sin embargo, cuando vuelve,
dulce es el beso del amado
aunque vuelva a partir.

Cristos y deidades al pasar por mi pueblo
no encontraban consuelo al ver lo que pasaba.
Caín, el asesino, estaba vivo
y Abel de sueños era, inalcanzable.

En mi pueblo se violaban las vírgenes
para no contraer enfermedad
y ataban a los niños de la cintura para abajo
para que no pudieran, los pobres, caminar.
Y cuando no había pan o carne o gasolina
se mataba algún pobre, alguna puta.
Y hubo noches, en mi pueblo: la tierra,
que se llamaron las noches de las bombas
donde nos acostábamos uno encima del otro
para que los de abajo no murieran.

Y después hubo horrores que se olvidan,
horrores donde toda la culpa
la tenía Dios.

Miguel Oscar Menassa
De "Al sur de Europa", 2002

miércoles, 27 de abril de 2011

CUMPLIR 60 AÑOS. POETA

A mis hijos Cecilia Andrea y Antonio Nicolás


Entiendo no saber de qué se trata.

Decaer, no es fácil a los 60 años.
Pero ascender lumínico, tampoco.
Es una edad detenida en el tiempo.
Una meseta tendida a gran altura.

Alma despojada, también, de alma.
Cuando se cumplen los 60 años,
los vientos huracanados del exilio
son como el aire fresco de la mañana
nada de oscuridad, recuerdo del dolor.

Meseta digo para decir extensión.
Mi vida, mediterránea luz sonora,
mar desolado pero abierto al mar,
soledad devorada por una libertad.

Eso es decir, amigos, eso es amar.

A los sesenta años se festejan
las cosas dejadas, no vividas,
ese beso mortal que nunca dimos,
la caricia que nunca me alcanzó.

A los sesenta años voy a festejar
el trabajo que aún no he realizado.

El grandioso poema que escribiré
una tarde de otoño a los cien años.

Las largas caminatas con mi amor
hablando del tiempo que no pasa.

Nos miraremos y nos amaremos
con los ojos en verdad cerrados.
Y en esas caricias de oscuridad,
también, tendremos un pasado.

Hemos vivido, hemos vivido y
eso, amigos, está con nosotros
por eso queremos festejar la luz,
la luz, incuestionable, del futuro.

¿Te imaginas lo que nos imaginamos?
un pedazo de piel a los ochenta años,
una caricia procaz, un poema brutal
en la meseta, al cumplir los cien años.

Miguel Oscar Menassa
De "Llantos del exilio", 2001

lunes, 25 de abril de 2011

ERAS JOVEN...

Eras joven
no te bastaba el amor
tus grandes ojos no bastaban.
El río, las escalinatas del río
-un río enamorado o sucio
recordado con amor, odiado
o simplemente recordado-
Una infancia sin fin
algunos nombres
y esa primitiva o heroica
manera de querer.

No bastaban
las mujeres penetrando tu cuerpo penetrado.
Detenido.
Mil caricias detenían tu cuerpo.
Los malos pensamientos no bastaban.

Vos creías que el amor
era empujar y revolver un poco
revolver por lo menos hasta encontrar palabra
una sola palabra.
Una tarde
-el sol estaba en todas partes
tu corazón de sol hasta los ojos
tus ojos, tu joven cuerpo
iluminados alegremente por el sol-
sordo como una tapia
te mataste de bronca.

Miguel Oscar Menassa
De "22 poemas y la máquina electrónica o como desesperar a los ejecutivos", 1966

sábado, 23 de abril de 2011

PROBLEMÁTICA INCIERTA O ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

La predisposición a la perversión no es algo raro y especial,
sino una parte de la constitución llamada normal.
Sigmund Freud

I. Pienso, es decir, espero madre serena, que los pájaros comiencen a volar
en el momento preciso. Si espero, pasivo ser, me será dada el habla.
Si mi cuerpo recibe el mandato, seré sin más el canto de los pájaros.

II. ¿Perversión es las dos cachetadas que le pego a mi amada de las siete y treinta de la mañana para que desee mi muerte o perversión es las 7 y 30 de la mañana?

III. ¿Perversión será mi pene perforando los ojos de mi amada, o en el color de los ojos de mi amada está todo el secreto?

IV. Tengo todavía infinitos ejemplos para todo.
¿Retener o expulsar? ¿ Cuál de estas dos perversiones será aceptada en este caso?

V. Sé que mis ojos tienen ese brillo especial que te recuerda a tu hermano muerto.
¿Perversión o caridad? Que yo me sienta un poco El cuando estoy en tus brazos.

VI. Que tu vagina fuese de un color azul durante todo un año, nos divirtió mucho el verano pasado y sin embargo eran azules los ojos de mi amigo muerto. Donde mi amigo amaba de mí la inteligencia era en un mar azul, inmensamente azul.
Estuvo todo el año viviendo entre tus piernas, todo el año encontrándose conmigo en las profundidades de tu vagina azul.

Miguel Oscar Menassa
De "¿Perversión? o ¿La muerte de la palabra?
y Psicoanálisis del amor", 1970