Hoy estuve en la cocina
preparando la comida
porque mi marido dice
que no lo cuido muy bien.
Mientras freía cebolla
recordé mi juventud
cuando mi cuerpo brillaba
y a él, eso, le bastaba.
Cuando cortaba la carne
sentí un raro escalofrío.
Y vi mi cuerpo desnudo
y él allí mirándome.
Yo sin saber qué decir
bajé la cabeza y dije
la cebolla está frita
y nuestra vida también.
Después al servir el vino
vi todo lleno de sangre
y los soldados morían
de amor, de patria, de honor.
Me senté a su lado
esquiva y temerosa
de que el hombre adivinara
que muerto lo aluciné.
Y después, de sobremesa,
tomándonos un café
previamente envenenado,
le pude decir, te amo.
Miguel Oscar Menassa
De "Carnaval de la tercera edad", 2011
viernes, 11 de noviembre de 2011
miércoles, 9 de noviembre de 2011
YO PECADOR I
Me seducen los aros y los colgantes coloridos
las piedras coloradas y los rubíes
y las sencillas violetas en el rincón del patio.
De las vidrieras me atrapan los tonos amarillos
el sol contra la puerta cancel
y el color ocre de la galería en Chiclana.
Hierro forjado a mano por suaves forjadores
en el estilo imperial de la muralla china
hacia el oeste se extendía solemne el patio de mi casa
y hacia el misterio de la calle, el precipicio.
Después del precipicio la plazoleta verde
lejana inalcanzable
como la tierra prometida.
A mí
cuando pequeño
me separaba de la calle una escalera
una escalera blanca
con dos barandas verdes de cedro a los costados.
La idea fija era volar
una tarde, verano en Buenos Aires
el patio era un desierto.
Sólo un valiente se animará a cruzarlo.
Me puse las botas me coloqué la máscara antigás
y en cuatro saltos alcancé el rincón del patio
donde crecían las violetas.
La puerta cancel quedó a la vista.
Mientras los enemigos dormían atontados
por el alcohol del mediodía,
me paré en el primer escalón de la escalera.
Abrí mis brazos. Respiré profundamente
dispuesto a todo
y perdí los sentidos
cuando me invadieron por primera vez
los olores lujuriosos de aquel sombrío patio.
Miguel Oscar Menassa
De "Yo pecador", 1975
las piedras coloradas y los rubíes
y las sencillas violetas en el rincón del patio.
De las vidrieras me atrapan los tonos amarillos
el sol contra la puerta cancel
y el color ocre de la galería en Chiclana.
Hierro forjado a mano por suaves forjadores
en el estilo imperial de la muralla china
hacia el oeste se extendía solemne el patio de mi casa
y hacia el misterio de la calle, el precipicio.
Después del precipicio la plazoleta verde
lejana inalcanzable
como la tierra prometida.
A mí
cuando pequeño
me separaba de la calle una escalera
una escalera blanca
con dos barandas verdes de cedro a los costados.
La idea fija era volar
una tarde, verano en Buenos Aires
el patio era un desierto.
Sólo un valiente se animará a cruzarlo.
Me puse las botas me coloqué la máscara antigás
y en cuatro saltos alcancé el rincón del patio
donde crecían las violetas.
La puerta cancel quedó a la vista.
Mientras los enemigos dormían atontados
por el alcohol del mediodía,
me paré en el primer escalón de la escalera.
Abrí mis brazos. Respiré profundamente
dispuesto a todo
y perdí los sentidos
cuando me invadieron por primera vez
los olores lujuriosos de aquel sombrío patio.
Miguel Oscar Menassa
De "Yo pecador", 1975
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domingo, 6 de noviembre de 2011
MIS LLANTOS
He roto tantas brisas con mi llanto,
he llorado romper hasta el mañana
y rompiendo la mar lloré bravío
y el mundo conquisté con este llanto.
Llanto de amor, llanto de furia, tonto llanto.
Clavado en el dolor ajeno lloré de espanto.
Abierto a mi dolor, vidrios lloraba.
Te amaba tanto, tanto, que hasta de amor lloré.
Y luego las vendimias, el vino turbio,
la lágrima rubí, diamante enamorado,
tu cuerpo como caído pero volando.
Cada llanto me recuerda un amor,
todos los llantos sólo uno, llorando.
Arranco de mis ojos las últimas perlas
y me las como para seguir llorando.
Llorando como un buey, vaca, ternera degollada.
Aljibe desterrado del agua,
lloro estos hierros viejos, óxidos lloro,
lágrimas quejumbrosas rotas por el amor,
como salidas de un bandoneón herido.
Bella lágrima oculta me la guardo,
por si algún día alguien la necesita,
entonces, aunque la ame, lloraré esa lágrima.
Y esa otra lágrima desnuda
que no desea abandonarnos
para ser llorada una vez más.
Amor de lágrimas, llantos de océanos,
cataratas de perlas desaparecidas,
majestuoso río cayéndose en mis ojos.
Lágrimas del alcohol, vinagre, envenenadas,
lágrimas del odio hasta el asesinato,
húmeda mortaja de cal ardiente,
ojos desorbitados por la sorpresa
de verse ardiendo, vivos, en la cal.
Era una lágrima fuerte la que lloraba,
lágrimas de una guerra, una muerte violenta,
lágrimas trágicas del exilio.
Hijo, Padre, Madre, todo el mundo llorando,
Había en ese instante lágrimas a montones.
A veces, para recordar haber sufrido tanto,
llorábamos y llorábamos, mas sin motivos.
Era un llorar abierto, tenía ritmo, música.
Cuando llorábamos por nada,
cada lágrima tenía compasión de sí misma,
al caer lo hacían con delicadeza, con elegancia.
Nunca terminaban de caer
y era hermoso verlas danzar de amor,
cayendo sin caer, suave danza del sexo.
Vinos oscuros, licores aromáticos,
mares embalsamados en los ojos,
maremotos retenidos en la mirada.
Vengo desde el centro mismo del agua,
a llorar un dolor tan grande como el mundo.
Hay cosas que no dejan esperanzas,
son cosas como hielos frente al sol.
Como querer encontrar en un mar lejano,
traído por las olas,
aquel beso, de aquel amor perdido,
donde aún no habíamos aprendido a llorar.
Hoy lloraré las cosas no lloradas.
Una amor, una muerte, aquella embriaguez.
Músicas del dolor, llantos amados,
tiernas agüitas de la infancia,
lago escondido entre los árboles,
donde los enamorados se ahogan de llorar.
Lágrimas como piedras despeñadas,
montaña caída sobre la belleza,
seda perforada por las balas del tiempo,
tapándome los ojos, ya cerrados para dormir.
Una pequeña lágrima atraviesa el porvenir,
arranca un ojo de la noche
y lo aprieta con fuerza contra su corazón
y la noche comienza a llorar,
lágrimas de un continente perdido.
Llanto o mujer.
Laberinto, agua sin retorno,
perdida luz,
hambre sin saciar, abierta.
Lloro este verso ahora
porque termina el canto.
Agua de mí, por mí, para mis cosas.
Ese dolor de mí, del universo en mí.
Llanto llorado, lloro,
por una muerte en mí, que se repite.
Miguel Oscar Menassa
De "Llantos del exilio", 2001
he llorado romper hasta el mañana
y rompiendo la mar lloré bravío
y el mundo conquisté con este llanto.
Llanto de amor, llanto de furia, tonto llanto.
Clavado en el dolor ajeno lloré de espanto.
Abierto a mi dolor, vidrios lloraba.
Te amaba tanto, tanto, que hasta de amor lloré.
Y luego las vendimias, el vino turbio,
la lágrima rubí, diamante enamorado,
tu cuerpo como caído pero volando.
Cada llanto me recuerda un amor,
todos los llantos sólo uno, llorando.
Arranco de mis ojos las últimas perlas
y me las como para seguir llorando.
Llorando como un buey, vaca, ternera degollada.
Aljibe desterrado del agua,
lloro estos hierros viejos, óxidos lloro,
lágrimas quejumbrosas rotas por el amor,
como salidas de un bandoneón herido.
Bella lágrima oculta me la guardo,
por si algún día alguien la necesita,
entonces, aunque la ame, lloraré esa lágrima.
Y esa otra lágrima desnuda
que no desea abandonarnos
para ser llorada una vez más.
Amor de lágrimas, llantos de océanos,
cataratas de perlas desaparecidas,
majestuoso río cayéndose en mis ojos.
Lágrimas del alcohol, vinagre, envenenadas,
lágrimas del odio hasta el asesinato,
húmeda mortaja de cal ardiente,
ojos desorbitados por la sorpresa
de verse ardiendo, vivos, en la cal.
Era una lágrima fuerte la que lloraba,
lágrimas de una guerra, una muerte violenta,
lágrimas trágicas del exilio.
Hijo, Padre, Madre, todo el mundo llorando,
Había en ese instante lágrimas a montones.
A veces, para recordar haber sufrido tanto,
llorábamos y llorábamos, mas sin motivos.
Era un llorar abierto, tenía ritmo, música.
Cuando llorábamos por nada,
cada lágrima tenía compasión de sí misma,
al caer lo hacían con delicadeza, con elegancia.
Nunca terminaban de caer
y era hermoso verlas danzar de amor,
cayendo sin caer, suave danza del sexo.
Vinos oscuros, licores aromáticos,
mares embalsamados en los ojos,
maremotos retenidos en la mirada.
Vengo desde el centro mismo del agua,
a llorar un dolor tan grande como el mundo.
Hay cosas que no dejan esperanzas,
son cosas como hielos frente al sol.
Como querer encontrar en un mar lejano,
traído por las olas,
aquel beso, de aquel amor perdido,
donde aún no habíamos aprendido a llorar.
Hoy lloraré las cosas no lloradas.
Una amor, una muerte, aquella embriaguez.
Músicas del dolor, llantos amados,
tiernas agüitas de la infancia,
lago escondido entre los árboles,
donde los enamorados se ahogan de llorar.
Lágrimas como piedras despeñadas,
montaña caída sobre la belleza,
seda perforada por las balas del tiempo,
tapándome los ojos, ya cerrados para dormir.
Una pequeña lágrima atraviesa el porvenir,
arranca un ojo de la noche
y lo aprieta con fuerza contra su corazón
y la noche comienza a llorar,
lágrimas de un continente perdido.
Llanto o mujer.
Laberinto, agua sin retorno,
perdida luz,
hambre sin saciar, abierta.
Lloro este verso ahora
porque termina el canto.
Agua de mí, por mí, para mis cosas.
Ese dolor de mí, del universo en mí.
Llanto llorado, lloro,
por una muerte en mí, que se repite.
Miguel Oscar Menassa
De "Llantos del exilio", 2001
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sábado, 5 de noviembre de 2011
Cumplir sesenta y dos años
Y es a los 62 años que me dispongo,
con un talante generoso, a festejar
vivir en un mundo donde nadie sabe,
si debe o si regala, si ama o si desea
si obligado a vivir o interesado
si valiente
o inquieto
o cobarde sin fe.
Al cumplir los 62 años
quiero confesarme adicto
al cruel vivir.
Y vendrán cataclismos y ciclones
inundaciones y guerras por doquier
y yo, sentado, escribiendo mis versos,
haciendo del cataclismo mi guarida,
del ciclón mi aliento y de la pólvora,
mi inseparable compañera,
las alas del adiós.
Miguel Oscar Menassa
De "La maestría y yo", 2007
con un talante generoso, a festejar
vivir en un mundo donde nadie sabe,
si debe o si regala, si ama o si desea
si obligado a vivir o interesado
si valiente
o inquieto
o cobarde sin fe.
Al cumplir los 62 años
quiero confesarme adicto
al cruel vivir.
Y vendrán cataclismos y ciclones
inundaciones y guerras por doquier
y yo, sentado, escribiendo mis versos,
haciendo del cataclismo mi guarida,
del ciclón mi aliento y de la pólvora,
mi inseparable compañera,
las alas del adiós.
Miguel Oscar Menassa
De "La maestría y yo", 2007
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viernes, 4 de noviembre de 2011
Y ahora para que sepas que yo
Y ahora para que sepas que yo las viví todas,
te hablaré en estos versos de los cuartos,
del verdadero amor que hay en el centro de tu alma:
pesetas con la cara de Franco, bendecidas por Dios.
Ahorrando, ahorrando, quitando todo de circulación,
has conseguido por ahora, no tener nada, casi nada.
Un dinero ahorrado contra todo deja de ser dinero.
Una mujer atada contra su deseo deja de ser mujer.
Por eso que te digo, sencillamente, que no va bien tu vida.
Que tu vida es un pagaré a largo plazo que no podrás pagar.
No ves tu vida, tu mujer, tu dinero se escapan de tus manos.
Un poco más de sexo, te aconsejo, más de amor.
Ya verás cómo tu mujer resucita de golpe.
Ya verás cómo todos mis versos, hablan de ti.
Miguel Oscar Menassa
De "Un argentino en España", 1987
te hablaré en estos versos de los cuartos,
del verdadero amor que hay en el centro de tu alma:
pesetas con la cara de Franco, bendecidas por Dios.
Ahorrando, ahorrando, quitando todo de circulación,
has conseguido por ahora, no tener nada, casi nada.
Un dinero ahorrado contra todo deja de ser dinero.
Una mujer atada contra su deseo deja de ser mujer.
Por eso que te digo, sencillamente, que no va bien tu vida.
Que tu vida es un pagaré a largo plazo que no podrás pagar.
No ves tu vida, tu mujer, tu dinero se escapan de tus manos.
Un poco más de sexo, te aconsejo, más de amor.
Ya verás cómo tu mujer resucita de golpe.
Ya verás cómo todos mis versos, hablan de ti.
Miguel Oscar Menassa
De "Un argentino en España", 1987
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miércoles, 2 de noviembre de 2011
DEJO DE LATIR
Dejo de latir
dejo de ser el pulso
donde antaño vibrara el Universo.
Delicadamente me entrego
a las argucias del amor
abandono el pasado
mis versos anteriores.
Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000
dejo de ser el pulso
donde antaño vibrara el Universo.
Delicadamente me entrego
a las argucias del amor
abandono el pasado
mis versos anteriores.
Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000
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martes, 1 de noviembre de 2011
La vida del poeta
XIII
Escribir,
hasta romperse las manos escribiendo.
Del hombre,
sólo amo su futuro, sus explosiones.
Me debo a mí
y, me debo, a todo el universo.
Me veo cantando las vidalas
hasta quedar si voz.
Me veo mirando las estrellas
hasta que mis ojos queden sin luz.
Abro la boca
y miro cómo el mundo se parte en mil pedazos.
Áspera roca,
estoy empecinado en creer,
que todo cambiará.
Miguel Oscar Menassa
De "La patria del poeta", 1991
Escribir,
hasta romperse las manos escribiendo.
Del hombre,
sólo amo su futuro, sus explosiones.
Me debo a mí
y, me debo, a todo el universo.
Me veo cantando las vidalas
hasta quedar si voz.
Me veo mirando las estrellas
hasta que mis ojos queden sin luz.
Abro la boca
y miro cómo el mundo se parte en mil pedazos.
Áspera roca,
estoy empecinado en creer,
que todo cambiará.
Miguel Oscar Menassa
De "La patria del poeta", 1991
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