miércoles, 26 de diciembre de 2012

LA MUJER Y YO

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Nos mirábamos a los ojos y nos decíamos
“Hoy daremos la vuelta al mundo en 80 besos”
y nos aferrábamos a cualquier ilusión
y volábamos más allá de las nubes
hacia el centro galáctico del amor
y surgía el poema.

... Después, cuando volvíamos,
volvíamos cayendo
a velocidades inauditas.
El choque de los cuerpos
contra el viento veloz
nos ponía contentos
y algo nos excitaba.
Después, caíamos sin más
en un amor cualquiera.
Éste es un amor terrestre,
decíamos sorprendidos,
un amor vulgar, sin límites,
por eso es que no existe.

Después de los viajes al cielo y de las estrepitosas caídas,
quedábamos impresionados de nosotros mismos:
¿Quién, en nosotros, pudo ese amor sublime?
¿Quién fue en mí el fuego de tus besos?
¿Quién en ti, amada, voló tan alto como el cielo?
¿Quién diluyó nuestros cuerpos en la palabra amor?
¿Qué fue lo que pasó en el mundo
mientras nosotros hacíamos el amor?
Tal vez, un eslabón del hombre
se ha roto para siempre.

Seguramente, amado, le dije,
con ternura incipiente,
alguien murió de más,
alguien vivió de menos.
Seguramente, te darás cuenta
que mientras hacíamos el amor
fueron condenados los hombres justos
y fueron puestos en libertad los gobernantes.

A él, hubo un momento en que mis reflexiones
le parecieron un poco exageradas
y sin mirarme francamente a los ojos
intentó decirme:
Hubo gobernantes que fueron condenados
y hubo hombres justos que, luchando,
consiguieron su propia libertad
y, mirándome con algo de desprecio,
hombres como yo que lo dieron todo
para la libertad y no me quejo
ni simulo estar demasiado vivo,
pasó lo que pasó y nuestro amor
fue la raíz del tiempo.

Miguel Oscar Menassa
De "La mujer y yo", 2003

domingo, 16 de diciembre de 2012

Debut Tangos en la voz de Oscar Menassa acompañado al piano por el Maestro Manuel Valencia


Jueves, 20 de diciembre de 2012 a las 20h
Entrada Gratuita

TEATRO DEL CÍRCULO CATALÁN
Plaza de España, 6 - 1ª Planta (Madrid)
www.miguelmenassa.com

miércoles, 12 de diciembre de 2012

NO TE VUELVAS


No te vuelvas, mi amor,
atrás está el destierro.
La frialdad
de un solitario
beso con la muerte.

Miguel Oscar Menassa
De "Al sur de Europa", 2002

sábado, 8 de diciembre de 2012

PENSAMIENTOS PREVIOS AL ENCUENTRO


Inmerso en un tiempo donde la locura, 
crece hacia los espacios infinitos,
te busco en un sin fin de aconteceres, 
en un sin fin de odios y pantanos
y soles caídos de su centro.

Te busco -hasta el final-
entre los muertos,
blanca basura inmemorial,
te busco en mi mirada.

Miguel Oscar Menassa
De "El amor existe y la libertad", 1984

martes, 4 de diciembre de 2012

25 de Abril de 1982


              
ATADO POR MIS VICIOS

Atado por mis vicios
a sórdidas cadenas
me oculto para no ser
el vuelo de los pájaros.

Del brazo de la muerte
llego por fin a la ciudad.

Viene del sur dirán
es el poeta.

Su amor ama la guerra
y llegó a la ciudad
acompañado por la muerte.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000

sábado, 1 de diciembre de 2012

ESTOY ENAMORADO



Estoy enamorado de mí mismo
y del mundo, en menor grado
ya que la verdad nos dice
que el mundo viene cojeando.

Estoy enamorado de mí mismo
y de la flor, en menor grado
ya que aunque bella y distinta
marchita muere en mis manos.

Estoy enamorado de mí mismo
y del Sr. Presi, en menor grado
ya que, políticamente,
ha meado fuera del tarro.

Estoy enamorado de mí mismo
y de mi amada, en menor grado
ya que mis versos le han dado vida
y ella, la pobre, ama mis labios.

Miguel Oscar Menassa
De "Al sur de Europa", 2002

lunes, 26 de noviembre de 2012

26 de noviembre de 1976


Comienzo a escribir y siento una ansiedad indescriptible. Se me mezclan y confunden algunos ruidos interiores con algunos ruidos exteriores. Dejo de escribir para prestar más atención a los ruidos.
Voces lejanas can
tan una ronda de paz y, más allá todavía de ese recuerdo infantil sonoro, oigo nítidamente los ruidos que se generan cuando una persona a las tres de la mañana está en el cuarto de baño. Algunos pequeños sonidos como metálicos y la voz siempre cantarina del agua, presencia inalterable, brutal presencia
de mí fuera de mí, perfecto enlace entre mi mugre y el olímpico mar.
Alguien, en el cuarto de baño junto a mi habitación, tomaba agua y hacía buches y después escupía. Se cepillaba las encías con fuerza y después volvía a tomar agua, hacer buches y escupir. De golpe sentí ruidos como que se miraba en el espejo y empalidecía.
Sin moverme del pequeño espacio de mi cama, me sorprende que conmigo viva más gente, pero me sorprende más aún conocer los ruidos que esas personas van produciendo cuando viven.
Esa persona era una mujer, y esa mujer era mi amante y padecía un fuerte dolor de muelas o de encías o de alguna cosa de esa zona de la cara, cerca del ojo, cerca de la nariz, cerca del oído, cerca de la boca, en plena piel. Un dolor tal que, si bien no haría imposible, perturbaría notablemente su capacidad de hablar, de oír, de gustar, de oler, de tocar.
Salió del baño y entró en su habitación y se acostó en su cama. Me acerqué en silencio, me senté al borde de la cama y comencé a liar un cigarrillo de yerba.
- Te traigo medicina –le dije mientras liaba–. Te hará bien fumar.
Y todavía antes de irme, besé con ternura más que con desmedida pasión por encima de las mantas, su sexo y levemente toqué con mis labios su parte dolorida, llegué a sentir que con ese gesto detendría el dolor, y volví a mi habitación. Volver a mi habitación siempre es volver a un mundo que desconozco.
Me recuesto sobre la cama y espero cualquier aparición. Fumo tabaco, porque también me gusta fumar tabaco, y el humo hace más espesa la niebla que me rodea y soñar en esos instantes donde todo es bruma, siempre es lo más fácil. En mi vida actual todo es espejismo, las cosas que soy carecen de ser. Extranjero, poeta,médico del alma.
Ser siempre extraño a mí mismo y enmudecer el alma para que, en ese silencio, se construya un universo humano que no me pertenezca.
Y en esa nada, escribir versos, hasta que la poesía alcance sorpresivamente la cumbre de mi ser y yo me dé cuenta de que ser es imposible para todos.
Después de momentos así, hago como que camino, como que beso apasionadamente a las mujeres en la boca, y me emborracho con los amigos como si viviera la vida plenamente. Y me visto y me peino para salir a la calle, y camino por la calle con elegancia y nunca nadie se da cuenta de que en mí, en el propio tiempo
de mi vida, anidan la bestia y el cantor.
La rauda bestia, embrutecida por el milagro de permanecer durante millones de años siempre igual a sí misma, y el cantor, la voz sonora y material de un humano futuro.
El drama es que ni la bestia ni el cantor pueden reconocer los derechos del otro.
Son dos fanáticos que, si no los detengo, se pasarán toda mi vida luchando en el propio centro de mis palabras, por mi cuerpo.
¿A qué pasión entregar mi cuerpo? Y a veces me quedo largas horas pensando ese problema.
Soy una leve palabra entre desiertos de silencio.
Si la bestia dejara de rugir, me digo (como si fuera posible acallar uno de los sentidos de lo humano), sería un gran escritor.
Si se callara el cantor, me digo (como si fuera posible acallar los gritos de la historia del hombre, pidiéndole al hombre humanidad), sería una bestia inolvidable

Miguel Oscar Menassa
De "Poética del exilio", 2011