El 21 de septiembre de 2012 a las 20,30h se proyecta en la sala de la Fundación Progreso y Cultura, c/Maldonado 53 (Madrid) la última película de Miguel Oscar Menassa, EN DEFENSA PROPIA.
Entrada gratuita
miércoles, 19 de septiembre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
Miércoles 19 de Septiembre de 2012, a las 20 h
Recital de Poesía social de Miguel Oscar Menassa en el 72 cumpleaños del poeta. En la sede de la Escuela de Psicoanálisis y Poesía Grupo Cero. Calle Duque de Osuna 4, locales. El miércoles 19 de Septiembre de 2012, a las 20.00 h. Se retransmitirá en directo por http://www.grupocero.tv/
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PERFILES DEL TIEMPO
Vi cómo los perfiles del tiempo
se posaban levemente en mi piel
dejando una marca.
Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000
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lunes, 17 de septiembre de 2012
ESTOY AQUÍ PARADO
Estoy aquí, parado en el centro de la tierra.
Aquí donde la tierra ama todos los arrebatos.
Parado como una flor en la estación perfecta
canto y mi poesía es una voz entre las voces.
Llegué hasta aquí
dejando en el camino
todo lo que tenía.
Los caminos eran tan abruptos
que hasta mi ser me pesó
y tuve que dejarlo.
Fui la sangrante Pampa desolada.
Agreste paraíso
el de las contradicciones.
Absurda paradoja la del hombre.
Abro mi corazón
y en mi corazón no encuentro nada.
Sólo un poco de sangre
músculos en perfecto funcionamiento
y un poco de pus
porque vi morir mucha gente.
Vi morir personas de todos los colores
Blancos y Negros por los mismos motivos
y por motivos diferentes.
Vi morir por carencia
y vi morir por exceso.
Por la boca y también
vi morir por el culo.
En medio de la selva.
Un hombre este siglo
murió
en medio de la selva
y en los palacios
y hasta con la cabeza
metida en plena mierda.
Vi morir mis propias ideas.
Mis propios deseos como hombre.
Este siglo vi morir a Dios
y en mi regazo, también,
a punto de morir la poesía.
Inutilizada por la moda.
Mal vestida para que su ser
sea la fiesta que la nombra.
Llena de flores y de muertos
pequeños llantos más que gritos.
Pequeñas vueltas de la vida
más que grandes viajes.
Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000
Llegué hasta aquí
dejando en el camino
todo lo que tenía.
Los caminos eran tan abruptos
que hasta mi ser me pesó
y tuve que dejarlo.
Fui la sangrante Pampa desolada.
Agreste paraíso
el de las contradicciones.
Absurda paradoja la del hombre.
Abro mi corazón
y en mi corazón no encuentro nada.
Sólo un poco de sangre
músculos en perfecto funcionamiento
y un poco de pus
porque vi morir mucha gente.
Vi morir personas de todos los colores
Blancos y Negros por los mismos motivos
y por motivos diferentes.
Vi morir por carencia
y vi morir por exceso.
Por la boca y también
vi morir por el culo.
En medio de la selva.
Un hombre este siglo
murió
en medio de la selva
y en los palacios
y hasta con la cabeza
metida en plena mierda.
Vi morir mis propias ideas.
Mis propios deseos como hombre.
Este siglo vi morir a Dios
y en mi regazo, también,
a punto de morir la poesía.
Inutilizada por la moda.
Mal vestida para que su ser
sea la fiesta que la nombra.
Llena de flores y de muertos
pequeños llantos más que gritos.
Pequeñas vueltas de la vida
más que grandes viajes.
Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000
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domingo, 16 de septiembre de 2012
jueves, 13 de septiembre de 2012
MÁXIMO ALCANCE
vuelo, ahora, como vuelan las águilas nocturnas
Drogas
drogas misteriosas para mis músculos de acero,
para mis manos aéreas,
para mis dedos contra-atómicos
Drogas
drogas azules para mi porvenir.
drogas misteriosas para mis músculos de acero,
para mis manos aéreas,
para mis dedos contra-atómicos
Drogas
drogas azules para mi porvenir.
Temer
temo la furia de los océanos
los fuegos eternos
la violencia de los vientos del sur
o el choque definitivo contra la madre tierra.
temo la furia de los océanos
los fuegos eternos
la violencia de los vientos del sur
o el choque definitivo contra la madre tierra.
No temo
la voluntad desenfrenada de ningún hombre,
aunque se oponga
a mi propia
desenfrenada voluntad.
la voluntad desenfrenada de ningún hombre,
aunque se oponga
a mi propia
desenfrenada voluntad.
Quiero ser el payaso
el rey
el muerto
el obús mortal.
La onda magnética de rapé,
el estornudo final,
la gripe negra.
La desbastadota, infernal peste negra.
Quiero ser el último suspiro de la moda,
la inconciencia final
la vagina fúnebre
la muerte del idilio.
Como fe de mi lealtad, amo la vida humana,
la inaudita palabra en pleno corazón.
El forzamiento permanente.
Mi tiempo
más allá de la luz
me transporta al pasado.
Conmigo, en mi red,
estas pocas y pequeñas estrellas marinas,
y la infaltable
submarina
acuática bilis,
baba desesperada
-entre la comisura de mis labios-
Palabras, Palabras
veneno mortal.
el rey
el muerto
el obús mortal.
La onda magnética de rapé,
el estornudo final,
la gripe negra.
La desbastadota, infernal peste negra.
Quiero ser el último suspiro de la moda,
la inconciencia final
la vagina fúnebre
la muerte del idilio.
Como fe de mi lealtad, amo la vida humana,
la inaudita palabra en pleno corazón.
El forzamiento permanente.
Mi tiempo
más allá de la luz
me transporta al pasado.
Conmigo, en mi red,
estas pocas y pequeñas estrellas marinas,
y la infaltable
submarina
acuática bilis,
baba desesperada
-entre la comisura de mis labios-
Palabras, Palabras
veneno mortal.
Miguel Oscar Menassa
De “Salto mortal”, 1977
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Salto mortal
lunes, 10 de septiembre de 2012
LIBERTAD DIVINO TESORO
Soy un hombre de ciudad,
un hombre,
condenado a vivir entre las piedras.
Crecí entre el percal de los vestidos
y las babas de una señora inalcanzable,
la libertad.
Crecí sin vida interior,
en el pecho llevo un farol,
pequeña, simple luz y escribo versos.
En mi ciudad
cuando mueren algunos, alguien canta,
tenue luz,
murmura por las noches una tristeza,
un vendaval de furias,
repetición donde la muerte tiene su palabra.
De niño me dijeron que amáramos a Evita
y Evita estaba muerta
y yo la amé como se aman las sombras de la noche
y entre sus brazos y las sombras seríamos millones.
Un recuerdo:
fue muerto por la espalda, mi primo, Miguel Ángel,
como se mata a quien no se puede soportar la mirada.
Cuando murió Miguel, mi primo hermano, tuve un dolor,
una claridad definitiva y, sin embargo,
al otro día amanecí cantando.
Me fui quedando ciego,
de ver morir, de mirar matar,
de ver pasar a tanta gente indiferente.
En los ojos tenía gotas de sangre,
ardientes manchas de violencia en mis ojos.
Un odio, un amor, una lejanía sobre todo.
Bramidos ocres, quejidos de la bestia,
destrozados por la ilusión de ser,
por la ilusión de comerme las flores
y tus ojos
y las cosquillas en tus pies
y mis feroces mordiscos en tu sexo,
como si tu sexo fuera el fruto perdido del hombre
aquel limón, aquella manzana inolvidable.
La libertad se fue poniendo joyas,
piedras preciosas entre sus blancas sedas
y entre sus carnes, oro.
Se fue tornando inaccesible monstruo de la lejanía
y, entonces, fui creciendo entre las sombras
y entre las sombras amé la libertad:
fantasma acuático,
alondra muerta para siempre,
entre las pieles de vos,
señora lejana, perdida libertad.
De "El amor existe y la libertad", 1984
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