sábado, 24 de agosto de 2013

CUANDO SE ABRAN LOS VIENTRES


Cuando se abran los vientres, yo no tomaré nada.
Entre los despedazados cuerpos confusos y alertas,
entre la poca realidad, lo negro, la débil vida,
amante del cuerpo de la letra, diré mis palabras.

Vengo de aquí, soy de aquí mismo, roca de soledad:
Nací en vuestra mirada, nací en vuestra impudicia,
Nací como una fuente enloquecida, aguas del deseo,
para dejar palabras, voz de la poesía, en libertad.

Tengo, por haber atravesado los confines del hombre,
por haberme deslizado en la mirada de la muerte,
algo del universo, una partícula de infinito en mi voz.

Vengo de aquí, soy de tus propias entrañas, el eco,
alucinado y luminoso de tu propio silencio oscuro,
el eco donde el tiempo, arrasa la memoria.

Miguel Oscar Menassa
De "la patria del poeta", 1991

viernes, 23 de agosto de 2013

ATLETA DE MÍ MISMO


Comienzo por producir mis deseos.
Amplias lunas mojadas
por las certeras lluvias del verano...
verano aquél
donde sangrante y taciturno
besé tu nombre
oculto entre las piedras.

Zafiros
esmeraldas enronquecidas
por la falta de amor
rodeaban tu cuerpo.

Era hermoso ver cómo morías
entre la blanca espuma de tu rabia.

Atleta de mí mismo
corporal
hasta con mis palabras
amé tanta belleza
y te salvé.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000

martes, 20 de agosto de 2013

¿Quién, querida, yo?


Es evidente, no sé a quién tengo que dirigirme.
Quisiera llamar la atención de todo un pueblo.
Gritar aullidos verdaderamente desgarradores.
Algo que nadie pueda olvidar, así, fácilmente.
Después antes de gritar, veo que es poco lo que tengo en mis gritos.
Un poco de libertad desesperada, un poco de convicciones juveniles.
Una mujer, me digo, una sola mujer en una sola cama, eso tal vez.
La soledad de la campiña, pobres nidos, pobres árboles muertos.
Un grito pequeño, encerrado en mí mismo, mirándome al espejo.
Un grito de mi boca, pequeña, a mi pequeño corazón sangrante.
Sólo para tocar, la roca de mi amor por mí, cuerpo enamorado.
Cuerpo deshabitado agujero del viento posible para el hombre
Romper con un pequeño grito los bordes de esa caricia eterna
Gritar, gritos pequeños, contra mi propia piedra, corazón.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista", 1987

Recital de poesía

El próximo jueves, 22 de agosto, a las 20,30 horas,
tendrá lugar el recital de poesía:
"37 años de la llegada de Menassa a Madrid"
en la voz del poeta.

 En la sede de Grupo Cero:
C/ Duque de Osuna, 4.
Tel contacto: 609 515 338
Entrada gratuita.
 

sábado, 17 de agosto de 2013

EL AMOR EXISTE Y LA LIBERTAD


Fui un hombre
amante de la libertad
y los venturosos días por venir.
Después cayeron sobre mí,
la guerra y sus estragos.

La libertad,
se fue poniendo negra entre mis brazos
y aquel bello rostro de los recuerdos infantiles,
su rostro,
se evaporó lentamente entre los ojos de la muerte.

Gritos desesperados saliendo a borbotones,
llamándola por última vez y, ella,
alta y desnuda, ráfaga inalcanzable de cielo,
ordena matar.

II

No sabemos, todavía, no sabemos:
¿Quién está vivo y quién está muerto?

III

A nuestro alrededor
la libertad seguía volando libremente
y volando,
se hablaba de ella en otros mundos
y volando,
había un reino más allá del cielo,
donde la libertad,
entre los soles de las galaxias superiores,
reinaba,
siempre intangible y serena,
la vida de los hombres.

IV

Para vivir, fue necesario
llenarse la cabeza y el alma de ilusiones.

Para vivir, fue necesario,
dejar de vivir.

V

De un ser despedazado hicimos escritura.
Una escritura hambrienta de porvenir,
libertad a los cuatro vientos,
amor, loco y vivaz, entre las letras.

Una escritura desesperada,
desenfrenada buscadora de amor.
de libertad, de humanidad.
Todo lo que no existe.

VI

Tiempo donde toda la música,
era el quejido de los moribundos.
Tiempo donde toda la alegría,
era recuerdo.

VII

Entre los bramidos de la muerte
me hundí en mi propio interior.
Quise encontrar sentido al universo
en el centro de mis tripas.
Hice de mi corazón,
un breve y opulento palacio de cemento.
Puse alambre de púas en mi piel,
me rodeé de fosos,
levanté los puentes levadizos
y puse cadenas a mi alrededor
y cadenas
y reflectores contra el sol
y dejé de escribir, porque temía,
que mi escritura transformara mi vida.

VIII

SILENCIO
                era lo único que pedían.

IX

GRITAR
              fue el único deseo.

X

Gritando y enmudeciendo para no morir.
Recordando y olvidando todo para no morir.
Levantando y agachando la cabeza para no morir.

XI

Quise volar como los pájaros, gruñir como las bestias

Quise ser Dios
y me moría de hambre con los hambrientos.
Quise ser millones
y lloraba con los desesperados porque llorar,
es un recuerdo del hombre inolvidable.

La alegría me caló los huesos cuando le opuse
mi primer verso a la muerte.

XII

QUERIDA MUERTE,

a tu pesar,
a mi pesar,
la vida continúa.

XIII

Grotescas olas, cataclismos inesperados,
retorcimiento visceral.
Torturas
y hambre
y pequeños pecados solitarios,
que el tiempo castiga con la muerte

Un tiempo que todo da lo mismo.

XIV

Un tiempo,
un viento,
un opaco murmullo,
te parte la vida en mil pedazos.
Después, un hombre es lo que es.

XV

Después de la catástrofe escribo versos
y hago el amor porque el amor,
también hace la guerra.

Hablo a mis hijos del movimiento de los astros:
es posible hablar de las estrellas sin tocarlas
y nos quedamos mirando, tranquilamente, la luna,
el vuelo borracho de alguna abeja entre las flores
y nos distraemos con cualquier tontería de la tarde
porque les hará bien, me digo,
que vayan olvidando el nombre de los muertos.
Y sueño todas las noches un futuro brillante
y me levanto buscando un sol que hoy tampoco estará
y busco entre los hombres con quién hacer la guerra,
porque la guerra, también, hace el amor
y escribo versos.

XVI

Creciendo contra todo,
ambicionando todo lo que pronuncio,
le fui poniendo alas,
bujías electrónicas,
motores supersónicos a mi canto.
Y creciendo hice versos
y mis versos creciendo,
fueron mi vida.

Miguel Oscar Menassa
De "El amor existe y la libertad", 1984

BALBUCEAR


Balbucear
cuando ya no queda otro camino 
balbucear
aunque poco de a poco
ir diciendo. 

Primero una palabra solitaria 
después de la palabra
vendrá el recuerdo
y las palabras del recuerdo
que nos recuerden la palabra.

Temblando
llorando
llenos de miedo
no dejar de decir.

Me fui cayendo
y por una artimaña del destino
me veía caer.

A veces
iba cayendo como la nieve
lentamente
más que caer
el verdadero juego era volar.

Olímpico hielo algodonoso
me posaba sobre las almas
y en la oscura pasión
de los encuentros
un instante era yo
luego otra cosa.

A veces volar era caerse
violentamente
contra la nada
contra la tierra
contra una mujer.
Piedra
granizo serpenteante
caía sin parar.
Calor endurecido
vértigo de llegar al final
atravesaba todos los confines.
Bestia condenada a morir
atravesaba el alma.

Fui libre todo lo que quise.

De tanta libertad
me fui llenando las manos
y los ojos
de violentas miserias.

La soledad y el hambre
en cada libertad
se apoderaban de mi mente
y rumiaba la libertad
como si la libertad
fuera un pasto salvaje
y yo una fiera.

Libertad inútil libertad
y mordía una vez más ese vacío
y salía a la calle
y los mercaderes me miraban
con malos ojos
y algunos amigos me decían:

Estás adelgazando
seguir así
te llevará al silencio
alguna tarde morirás.

Muerto
yo los miraba
entontecido sin comprender.
Envolvieron mi cuerpo
con delicadas prendas
como nunca nadie me había visto
y se gritaban unos a otros:

La libertad vivía en él.
La libertad ha muerto.

Miguel Oscar Menassa
De "La poesía y yo", 2000

viernes, 26 de julio de 2013

Voy por un soneto que te regalo amor


Voy por un soneto, que te regalo, amor,
por un breve soneto de alegría y paz.
Por un pequeño canto para tus pieles,
abiertas, sí, desmesuradamente, para mí.

Te canto dulcemente enamorado para ver,
en tu mirada lenta, ser espléndida luz,
espejos claros de la dicha en tus ojos,
negro fulgurante de apasionada soledad.

Pongo mi sangre en movimiento. Alcanzo,
en las delicias plenas de los vientres,
voces, encendidos carmines, fuegos de ti.

Poemas para nunca tocarte ni olvidarte,
sino en suaves murmullos que desprendo,
de mis sencillos versos, sobre tu piel.

Miguel Oscar Menassa
De "Poemas y cartas a mi amante loca joven poeta psicoanalista", 1987